La desesperación, la nueva y renovada “esclavitud” de HAITÍ

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¿ Es toda una experiencia tener miedo, verdad ? Eso es lo que significa pensar que eres un esclavo.

Cita de Roy el replicante “no humano” en el film Blade Runner.

Desde los derrocamientos a dedo bananero y la injerencia política sin contemplaciones, Naciones Unidas desplegó fuerzas administrativas con título de funcionarios plenipotenciarios y miliares en Haití desde los años 2004 hasta finales de 2017.

Un estudio ampliado por otros más fiables, revelan que más de 3.000 mujeres, incluidas muchísimas menores que no alcanzaban los 11 años de edad, habían sufrido abusos y violaciones sexuales sistemáticas por parte de los cascos azules, en muchos casos a cambio de cuatro monedas o comida cuartelaria, y en otras ocasiones aprovechándose de retenciones ilegales en las que sometían a muchas de esas niñas a aberraciones carnales a cambio de una “efímera” libertad. Todo eso transcurría, y sigue ocurriendo a tenor de la herencia enmarcada en un ejemplo inmoral trascendido a golpe de arma y machete, que ahora sigue sufriendo el pueblo por las ahora soliviantadas bandas de salvajes bandoleros que asolan un Haití empobrecido, sumido en el caos en el que reina la miseria y la corrupción de sus dirigentes, que conjuntamente con personajes destinados por las ONG,s encontraron un filón de restar ayudas y mercadear con otras a partir del grave terremoto sufrido en el país en 2010, cuyo resultado final sigue siendo un escenario desolador que vuelve a verse castigado por las continúas manifestaciones en contra de Jovenel Moïse, un títere presidente y abusador del erario público, acumulando las escasas subvenciones que todavía llegan, la carestía impositiva de determinados productos, entre los que se encuentra el combustible que dona Venezuela, y que es sostenido el “dictador” por un grupo de “ ricos empresarios ” allí afincados, entre los que se diferencian muchos “blanquitos” de diversas nacionalidades, que a la usanza mafiosa silencia a todo el que respira en contra de sus fechorías a cielo abierto, y sin complejos de ser neutralizados por nadie que no pudiera ser el mismo demonio que llevan en sus entrañas.

Muchos de esos injustificables hechos de violencia sexual, numerosas jóvenes han parido niños que son reconocidos como los “Petit MINUSTAH” (acrónimo de la misión de paz de la ONU), elevando así la pirámide de infortunios y el desconcierto que producen las enfermedades venéreas y mentales.

Es una vergüenza absoluta y dramática que un portavoz de la ONU reconozca únicamente, tras una concienzuda investigación según dicen utilizando la ironía sin tener ocasión de rebatirla, a 32 niños fruto de las violaciones a 29 mujeres, consideradas víctimas de los abusos sexuales, prometiendo que serán atendidas, probablemente en el laberinto del olvido, cuando son muchísimas más las desamparadas que siguen existiendo, vagando de un lado a otro en busca de un biberón con agua y un mendrugo de pan.

Malditos sean quienes se aprovechan de un uniforme y una carpeta repleta de estadísticas falsas, cuando siguen presumiendo en cantinas y fiestas diplomáticas de sus andanzas en tierra de salvajes, como esta sucia plaga de desalmados e impresentables asiente que Haití es un país fallido, ignorando que muchos de ellos han contribuido a que así lo sea. Miserables.


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