La España del despilfarro en tiempos de pandemia y miseria

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En España se reparten los altos impuestos de los donantes “obligados” en proporciones distintas, de los ricos menos y los trabajadores más declaraciones, recaudados sin ningún rubor y ningún “honesto” ladrón como Robin Hood que los rescate para facilitarlos a los más necesitados, es decir los pobres autóctonos con pensiones paupérrimas, los olvidados del sistema que se les ha acabado el “ERTE”, el “PARO”, los autónomos, esos innegables emprendedores que sustentan la economía doméstica, a los que por seguir presumiendo de promesas incumplidas les permite un gobierno enmascarado con un antifaz de terciopelo, seguir con retenciones prestando sus servicios reducidos, sin apoyo ni atención a sus propias acumuladas deudas de una torpe pandemia, que nada tienen de inmaculadas pues a los que abren todavía la persiana, les siguen subiendo las cuotas y las facturas de lo más esenciales servicios para ir tirando, sin olvidar a los muchos engañados por las mafias y la mala prensa, que arribaron pensando que la península ibérica, repleta de insatisfechos políticos e independentistas, todos ellos conquistadores, todavía protegían el oro del desconocido y falso” El Dorado”.

En España se dilapidan, se despilfarran y se derrochan lo que no sobra en los interminables gastos superfluos e innecesarios por un exceso de cretinos, ya algunos sin la buena fe que los justifique, amparados en autonomías, diputaciones, alcaldías, gobiernos regionales, sub-gobiernos para seguir pagando favores, ministerios y secretarías duplicadas que suman más de la cuenta y pocas sirven para lo mismo, ejércitos de asesores de lo que sea, y muchos de la misma familia, especialmente si son para dar una mano, incluso el pie a los amiguetes, sindicatos, organizaciones no gubernamentales que hincan el diente si reparten algo con el titular que las concede, embajadas, cooperación local e internacional, asistencia social, fuerzas y cuerpos de seguridad de Estado que cada día tienen más órdenes que las dictadas por un “Torquemada” reencarnado ahora en el llamado “ministro de interior” Marlaska, fondos reservados para fiestas y guateques, concesiones a dedo y medallas retribuidas, casa de la realeza, partidos políticos, asociaciones, además de un largo etcétera, que daría vergüenza ajena, además de algunas cadenas de prensa, radio y televisión para dar pábulo a ese grupo de progresistas que se han hecho con el poder de la sinrazón, del quédate en casa, no hables y ponte la mascarilla que ya estás entrando convencido de que ya es un bozal de hierro, que pesa demasiado para intentar deshacerte del mismo y no puedas morder cuando te des cuenta que te han contado patrañas suicidas surtidas en ordenanzas, preocupaciones estúpidas y vacunas a destajo, que todavía te crees a pies juntillas cuando de lo que se trata, y así está escrito y confesado que sobran 1500 millones de habitantes en el mundo, puesto que el miedo es libre toda vez que democrático, y a ti te han metido el PCR que no sirve para detectar un carajo, hasta llegar al cerebro, algunos hasta la nuez, el tuétano por error o el ano por intimidación.

Y todo lo que reparten a manos llenas, dando subvenciones de juzgado de guardia, como por ejemplo los cerca de 500.000 euros concedidos a una organización que dice que en las cárceles a los vascos se les tortura, te percatas con ira de que el dislate está servido y ya la lógica se escapa del burladero para dar cornadas traperas anónimas, aunque sean virtuales. Es natural señores lectores que desde que cada día se ven a más necesitados, esos indeseables comediantes, con el escudo de la constitución se vuelven ciegos de pretensiones, en esa amalgama que la componen de presidentes, siervos de promesas y juramentos y lo que serían interminables cargos, siguiendo el juego de una rutina grotesca que permite lo indecible, a razón de suponer ser indispensables administradores de la gran finca que sin duda es el Estado que tiene a 47 millones de borregos encarcelados, de los que se siguen mofando a voluntad de la bondad de gentes pacíficas, que todavía no saben que con esta pandemia viene otra peor, que es la abolición de la personalidad y el hacerse esclavo de las circunstancias amasadas en el exterior del burladero, de esa gran granja llamada “Gaia”, haciendo realidad el dicho que “a río revuelto, ganancia de pescadores”.

Dicho lo anterior, recordar a todos los contribuyentes a los que se les debe algo más que la veracidad y el respeto, que es la lealtad refrendada, que ellos, éstos apestados tienen la caña, la red, el arpón y ese miedo a sumergirse en las mismas entrañas que expulso la ballena a Jonás, pues asustado el navegante empezó a orar al “señor” para pedirle perdón por su desobediencia, aunque extrañamente ninguna voz le susurró que no podía capturar un pez de tamaño tan importante, lo cuál quiere decirse que todo se interpreta de acuerdo al cuento que te expliquen y a las normas estatutarias, cuando lo trascendente e importante es que entiendas que por no hablar más de la cuenta y decir lo que se piensa, todavía sigue la amenaza de que “por la boca muere el pez”. . y también demasiado habitualmente por las dentelladas de algunos “pájaros” sinvergüenzas, y eso sí es una gran tragedia en esta grandiosa piscifactoría que es España.

Y un último dato al que poca importancia se le concede, pues parece que el escudo de la UE sea suficiente para parar cualquier golpe, creyendo que no se contempla desde el santo santorum del control magistral de esa red clientelar de pedigüeños del sur de Europa, la deficiente gestión presupuestaria del Estado español en el gasto corriente, ergo lo que define a un concepto de vital necesidad, cuando los pagos no recuperables por la disminución que se constata cuando el empleo decrece, los pagos de los intereses de la deuda pública se contraen nerviosamente y la inversión desaparece por falta de una confianza evidente, cuando a un gobierno socio-comunista se le deja que siga descorchando lo que ya no queda en la bodega de las celebraciones, lo que dicho de otro modo se pulveriza sin misericordia, pues son pagos no recuperables lo que en claridad meridiana no tiene pretexto, a lo que se añade la creciente nómina del personal activo y el “vampírico que chupa”, sin olvidar a los cesantes y la marrullería, que también cuenta como un saldo negativo. Por lo tanto lo mejor es llenar un cubo de agua y esperar que los pececillos crezcan y también traigan entre sus escamas el pan que falta, y así podremos hablar de milagros y no de fantochadas.

Belz


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