La premeditada “inseguridad” en las calles y el provecho que se saca de la misma, por unas leyes demasiado comprensivas para los que viven, tarde o temprano, durante un corto espacio de tiempo a costa del contribuyente de España.

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” El número de malhechores no autoriza el crimen.”  Dickens

La inseguridad en las calles de las ciudades españolas, provocada en la mayor parte por toda clase de “autonómicos” desnaturalizados, extranjeros de paso, ilegales, mendigos de todas las nacionalidades, nacidos aquí o residentes de doble cédula, que se encuentran en una situación económica de difícil asimilación, familiarmente complicada, en lo laboral precaria o inducida por el alcohol y las drogas, empieza a considerarse un virus de comportamiento indecente, en los que se derivan careos y disputas altisonantes y no pocas rencillas utilizando navajas y cuchillos de grandes dimensiones, asestando puñaladas y cortes sangrantes en reyertas entre personajes íntimos, incluso con personas desconocidas para ellos, pero casi todas ellas tienen algo en común y como mínimo un componente aclaratorio a la situación que cada día empeora.. y se explota : Las cárceles españolas parecen agradables refugios para sufrir castigo, que en lo peor de sus instalaciones se parecen a pensiones con el clásico candado en el frigorífico de los años 70, y en grado selectivo o por suerte para los reos a los que les ha tocado los penales modélicos destinados a mejorar la “reinserción social”, corresponden a un parecido a hoteles de dos o tres estrellas en los que dormirán plácidamente, se asearán como nunca lo hicieron, desayunarán, almorzarán, merendarán y cenarán sin queja alguna para degustar menús selectos evitando que nadie padezca un cólico nefrítico, utilizando productos frescos y bien cocinados, además de poder practicar deportes, ver tv, ser auscultado por un médico especialista, participar en talleres en donde se perfeccionarán entre otros cursos en el oficio de cerrajero, pudiendo utilizar las redes sociales con wifi “pirateado” y hacer uso de móviles restringidos con conversaciones confidenciales de tapadillo, y así no poner en entredicho, en riesgo y cuaresma comprometida al buen funcionario de turno que se ve y se las desea cuando hay tumulto y venganzas solapadas en un corrillo, y que también se distraerá el empleado de que quede todo atado y bien atado a conciencia, mientras en el patio se fuman unos canutos o se aspira por la nariz una “raya” de cocaína promocionada por el capo aislado o el latino docto en el narcotráfico entendiéndose como unos privilegios conseguidos por parte de los reclusos, gracias a la política de consentimiento a regañadientes de los directores para evitar motines serios y controvertidos.

Pasarse unas vacaciones en una prisión española es lo mejor que le puede ocurrir a un “malandro/a” del sexo que sea, que lo agarren con las manos en la masa o el dedo en el gatillo, robando al cliente la prostituta con la adormidera burundanga tropánica para después del botín marcarle con un azucarillo la cara, o aquél que esté pasando un mal momento y/o desea visitar a un compañero recluido, algo que negociará con el abogado de oficio. Gastará poco, y recibirá algo para el economato, gracias al presupuesto mensual de 2.817 € unitario, que le cuesta al erario público mantener este jolgorio, es decir, a todos los que nos “sobornan” engañándonos por seguir manteniendo el estado del bienestar con nuestros impuestos, que no son pocos y muchas más obligaciones que derechos. Y para muestra un botón, 58.883 eran los reclusos en diciembre de 2018, 54.449 hombres y 4.439 mujeres ( no se reflejan los de doble nacionalidad que los hay y son cuantiosos además de peligrosos ), con un porcentaje de extranjeros que asciende al 28,1%, entre los que proporcionalmente destacan más las mujeres por muy poca diferencia, resultando un cálculo estimado de 1,990.480.932 euros de coste al año, una facturación nada despreciable de Instituciones Penitenciarias dependiente del Ministerio de Interior y para enojo y agravio del ciudadano honrado, y en el que tampoco se tienen en cuenta las aportaciones personales de ayuda alimenticia y dineraria de Cáritas Diocesanas a las familias destrozadas que padecen y temen la salida de truhanes que a los tres días volverán a estar en caza y captura.

Y todo empieza por algo parecido a lo que aquí narramos por poner un ejemplo sencillo : Un facineroso harto de la mala calidad del polvo blanco que esnifa entre camellos que de vez en cuando le hacen huir a otros barrios, y consumidores infieles a su mercancía que él corta y adultera cuando mejor le convenga, o de un trabajador con pocas ganas, aptitudes y actitud para afrontar problemas familiares, dejándose llevar uno por la competencia “desleal” de sus compinches, el otro por razones hipotecarias, celos y estar hasta los “cojones” como casi siempre alegan como argumento que ruega una mejor dispensa en la pena, coinciden en una plaza concurrida por deshechos humanos, niños y jubilados.. y se miran, se insultan y se agreden, lo que hace que uno de ellos saque la automática de hoja no autorizada y afilada y le meta al llorón dos cuchilladas cercanas al corazón, otra en la mano y la de regalo en el costado, mientras el desarmado le impacta en la cara un par de puñetazos que le hacen sangrar el labio, a la vez que se desploma en el suelo, lo que hace que el atacante armado, a sabiendas de la reducción de pena según el código penal que se lo conoce al dedillo, saque su móvil del bolsillo con soltura y calma aparente convirtiéndose en el denunciante, causante confeso del problema originado a los servicios de atención de la policía, relatando con la lección bien aprendida lo ocurrido, un hecho lastimero de tentativa de homicidio, tras una acción imprudente de defensa y con signos de nerviosismo necio y mentiroso, de latidos y balbuceo de comediante con guión aprendido en el teatro de la calle, para seguidamente hacer lo propio y con rapidez inusitada, llamar con urgencia a una ambulancia con erráticas gesticulaciones que no engañan a los espectadores, no vaya a ser que se le quede la víctima inmóvil para siempre después de un desafortunado altercado que puede costar caro.

El tipo, que todavía se muestra consternado, aparentemente arrepentido y con claros deseos de pisar el calabozo como primera medida antes de declarar en el juzgado, lo primero que le dice al uniformado que le pone los grilletes : “ Me imagino que no habrán cambiado el código penal todavía, ya que como autor confeso de tentativa de un delito me tocarán de 2 años y medio a 5, lo que hará que a los 9 meses o un año a lo sumo, salga del talego por buen comportamiento y disposición a cumplir una medida cautelar para realizar servicios útiles a la sociedad, y yo totalmente renovado, con carné de paro, si me hago un “máster”.. o me saco el graduado “.

Poco más se puede añadir, en España se delinque y se viene a perfeccionar ese “arte”. Si tienen la arrogante desgracia o la suerte sin disparos de caer en la tela de araña de los cuerpos y fuerzas de seguridad del “estado”, piensan que es el país más apropiado para envejecer, por muy poquito tiempo claro, en una celda con televisión, ducha y retrete, una cómoda litera de tipo camarote, y probablemente un compañero con el que conectar para futuros “bussines”, dejando la cama bien caliente por si pronto tienen que volver a disfrutar de unas entrañables amistades y unas largas siestas vacacionales para después jugar una partida al dominó, o conversar por un negocio de gestión comercial de los alucineros más osados que venden lo requisado todo al por mayor o a través de “wallapop”, sin menosprecia cualquier trapicheo ilegal o de tráfico que surja, que no sea tabaco por el excesivo control de la Agencia Tributaria que ha quedado nítido tiene muy malas pulgas, sin excluir el secuestro express que tan de moda se ha puesto, lo que permite seguir dando tundas habidas y por haber.

Y mientras tanto la policía se juega la cara todos los días, hartos de capturar y verlos salir a los “chorizos/as” el mismo día si no hay sangre y sí así lo dicta su señoría, eso sí con cargos, lo que hace que se estén empezando a preguntar cuánto más aguantarán antes de protestar en sus jefaturas de que éste sistema no encaja ni con un calzador hecho a la medida, informando que cada día hay más sinvergüenzas y que la Justicia peca de benevolencia desafortunada, para que el ciudadano perjudicado siga sin entender que ha caducado desde hace tiempo el modelo de fechoría encasillada en los alcanfores del pasado, y que eso de “odia el delito y compadece al delincuente”, es lo primero que le espetan al magistrado con ojos lastimeros, cabizbajos y un rictus de pesadumbre que les llega hasta la frente pasando por los olorosos sobacos.

Sobre la violencia de género, con exceso de mortandad a la “albaceteña” y martillazos que destrozan la crisma de la asesinada/o, el temor y la falta de respeto que causan esos parásitos con el maltrato físico, o la considerada acusación de sesgo intrafamiliar, muchas veces cometida casualmente por aquellos que otrora dejaron huella en las comisarias, ese es otro cantar, y que como bien dice el “mio Cid” : «Lo que hacéis es contrario a la ley de Dios. Aunque fuerais trece veces trece, yo no estaría solo»., leyenda que refrenda la frase en pancartas desplegadas femeninas “No estás sola” que reivindican una postura acertada que no termina de concienciar al jurista, que no tiene presente ese exceso de diablos que concurren a esas faltas improcedentes que no son juzgadas con más agallas y un perdón hipócrita de benevolencia innata y académica dictada por un psicólogo/a, pues de todos ya es conocido que gozan de cierta impunidad esos maleantes tras obtener un grado de bajo perfil en su historial, por considerarse muchos y “muy” arrepentidos con carcajada oculta, estar deprimidos por su desplazamiento geográfico, logrando aprobar un examen tras pasar por un cursillo de rehabilitación alternativa en lo que podríamos llamar una paradoja de adaptación compartida, lo que nos demuestra que no hay cobijo para todos y no es cuestión hacer crecer una burbuja penitenciaría, que para muchos debería de ser de una reclusión de por vida.

Y por favor, entiéndase que este comentario mañana estará prescrito y no servirá para nada, o a lo mejor sí, para interesarse y silenciar nuestra intención de alarmar al personal injustificadamente (dirían), quedando finalmente nuestra ignorancia y desfachatez arrinconada en la mente que al recordar este capítulo amargo se transformará seguramente en mofa, siendo puestos nosotros en la metáfora de una libertad vigilada y en tela de juicio llegado el caso, pues los tribunales de una Justicia con una balanza trucada necesita que también le cambien la venda de la cara cuanto antes, aunque sea para maquillarla.

” La clemencia que perdona a los criminales es asesina “. Shakespeare

Los que tocan el piano”. Así eran conocidos antes los “simpáticos” timadores españoles, que no utilizaban nada más que la verborrea para dejar después impresas sus huellas, y se diferenciaban de los carteristas con menos ingenio que ellos. No eran muchos y estaban todos fichados, hasta que llegó el Euro, el poder recorrer, entrar y salir por las fronteras europeas, el acceso a quedarse en el país después de los tres meses, empadronarse sin problemas si atravesaban el charco y seguir muchos de los nuevos visitantes, que según los expertos arreglarían nuestras pensiones, haciendo lo que hacían en sus lugares de nacimiento u origen : delinquir con extremada violencia, lo que ha supuesto un traumatismo social y un quebradero de cabeza para las autoridades y los afectados, que todavía están rogando que se amplíen las penas y se eleve la cuantía sustraída para que los delincuentes entren como “invitados” de lujo en las bien acondicionadas cárceles de una España legislada anticuadamente, dormida y soñando que por aquí todavía no pasa nada.

” Hay delitos tales, que atentas las leyes se los dejaron sin pronunciarles sentencia, por no prevenir que habría quien los cometiese ” Pedro Calderón de la Barca


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