LLEGAR A MARTE, EN MARTES Y 13 SERÍA UN CHISTE, COMO LO PUEDE SER LO QUE A CONTINUACIÓN PUEDEN LEER

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Mientras se pretende llegar a Marte, asentar bases para después construir ciudades a lo “mecano” en diez, y algunos visionarios ven en esa alternativa un refugio perfecto para una élite de aventureros estelares, el planeta y será porque información copiosa no se tenga, adolece de terremotos inesperados que crujen en una atmósfera delicada, que sin duda dificultarían el asentamiento práctico y seguro de un ir despachando científicos que llegarían sedientos de investigación a unos residenciales y laboratorios sellados además de acristalados, para que convivan y vegeten a lo vegano artificial, incluso con carne promocionada por Bill Gates, unos “cerebros” que al parecer sobran para no volver jamás a la Tierra que los vio nacer, y que con gran escepticismo de sus familiares y amigos se despidieron en una ceremonia emocionante y con gracias y aplausos a un elegante Jean-Luc Picard, comandante de la USS Enterprise-E, que sin duda de existir la nave les llevaría en un santiamén. 

Vivimos en un mundo de ficción y de un relato apabullante sobre la historia que nos precede, en la que se parte de unos personajes épicos y algunos casi inmortales cuando permanecen tato tiempo en las creencias ancestrales de la gente, gozando para el recordatorio nombres, en algunos casos también apellidos con mote y algunos hechos recogidos en pergaminos, que en la actualidad se amplían por los guionistas cinematográficos que siguen un patronaje literario inspirado en la Biblia y en el libro gordo de Petete, adecuado a lo anteriormente escrito sobre la invasión a Marte, dado que allí podrían encontrarse con algún extraterrestre como así lo es el llamado pingüino de color rojo y abdomen amarrillo, que en vez de gorro de lana con pompón encima, utiliza una escafandra y un chupete intercomunicador colgado del cuello para recibir instrucciones de los alienígenas que lo adoptaron, y que les sirve de modelo para estudiar a la raza humana y ya de paso relajarse del ridículo que se hace con eso de ir eliminándose entre sí a través de diluvios universales, guerras mundiales, hambrunas, suicidios por hipotecas no atendidas, gripes, pandemias y por último vacunas.

Que gran paradoja, por una parte se exige la mortandad de los que viven demasiados años, algo que preocupa a muchos dirigentes y a una “influencer” especialmente (comprobar por hemeroteca las manifestaciones en tal sentido de Christine Madeleine Odette Lagarde, una “lagarta” de 65 años de edad, en el buen sentido de la expresión por su inteligencia como abogada y política, que ocupa el cargo de presidenta del Banco Central Europeo desde noviembre de 2019, cuando anteriormente fue la máxima representación de la logia del Fondo Monetario Internacional desde el 5 de julio de 2011 hasta el 16 de julio que asumió el BCE)  que aboga por quitarse de encima, además de los envejecientes a aquellos innecesarios y enfermos que hacen gastar mucho y no producen nada, calculándose unos 1.500 millones de los 8.000 que muchos de ellos seguirán sufriendo una esclavitud oculta camino de un exterminio implantado con un código de barras, y por la otra se pretende hipócritamente salvar a los vivientes y sin perder la compostura de un esfuerzo sobrenatural por emplear el máximo de recursos, para restringir libertades de paso, esterilizar a las mujeres hasta que la generación de los párvulos entre 5 y 7 se hagan mayores e inicien el camino de la procreación y la recuperación económica, sin olvidar que por el camino a los abuelitos de los niños los han dejado en la cuneta y no precisamente abatidos de un balazo, sino de ese remedio del “pinchazo” en distintas fórmulas y versiones, que con la impunidad del tiempo y dentro del próximo año les harán caer como chinches en el perdido balneario del olvido que siempre será recurrente y necesario para ser expuesto por los lamentos de los nuevos políticos de turno o reemplazo aconsejado, a los que solo les faltará llevar en la manga de su brazo derecho una esvástica y en el izquierdo un brazalete con el grafismo según el rango de una falange, falangina y falangeta siempre en posición de peineta.


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