El gran corruptor de una democracia disfrazada: Nicolás Maduro

VENEZUELA

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No hay nada permanente en esta vida. Ni siquiera nuestros problemas “

Si Charles Chaplin (1889-1997) viviese probablemente le lanzaría sin vacilación el discurso de una proclama de intenciones basadas en el honor y el rechazo de un comportamiento repleto de bravuconadas que suele usar el tirano, el dictador de la Venezuela profundamente herida, Nicolás Maduro Moros.

Venezuela reclama la libertad perdida, el derecho a volver a su país dejando que su éxodo quede tan solo en una anomalía social que nunca debió ocurrir, devolviendo la tranquilidad a un país desesperado, casi derrotado, humillado, vapuleado y sumido en la desgracia, a la que le han arrebatado con mezquindad y a la fuerza, la esperanza que no está dispuesta a perder.

El pueblo venezolano no quiere venganza, no desea irrumpir en una revolución en la que nadie pierda una gota de su sangre, ni en una misera resignación. Por ello, simplemente le recuerdan a Nicolás Maduro, que se ha convertido en un fruto podrido y envenenado, poco sabroso o muy soso, cuyo contenido son mentiras y funestas promesas en la simiente de un seco corazón, que ya pocos quieren recoger del suelo de infamias en las que ha caído por exceso de tiempo colgado en una rama quebrada, todavía no en la cesta en las que ya se encuentran apartados sus seguidores de fortuna, temerosos de una represión como un daño colateral que probablemente él y sus incondicionales están organizando en el Palacio de Miraflores, como testigos involucrados en un terror creado innecesariamente, frustrando con vaguedades, tergiversando los hechos con fabulaciones democráticas que nadie ya puede creer.

A continuación reproducimos el contenido magistral de los últimos minutos de la película de “ El Gran Dictador “. Una realización en blanco y negro filmada en el año 1940 y estrenada en España en 1976, en la que Charles Chaplin interviene con elegancia y firmeza, suplantando la personalidad caricaturizada de un enemigo común, controvertido, histérico e histriónico, la de un Adolfo Hitler de pandereta, acompañado de su comparsa política después de ocupar un país vecino.

Dedicado a

NICOLÁS MADURO MOROS

” el gran corruptor de una democracia disfrazada “

Un venezolano que tarde o temprano seguirá los mismos pasos de aquellos que les abrió con mano de hierro, la puerta para el exilio voluntario por persecución política o por la indiscutible decisión de buscar una nueva vida y la mejor oportunidad para ayudarse así mismos y a sus familias, no cayendo en una depresión que pudiese ponerse precio a sus cabezas, con la mismas bien altas y con entereza para rebelarse pacíficamente contra un estado de sitio y el campo de concentración repleto de rehenes, a los que habrá que rescatar de una pobreza inmerecida.

Los dictadores se liberan pero ellos esclavizan a la gente” (Charles Chaplin)

” Lo siento. Pero… yo no quiero ser emperador. Ese no es mi oficio, sino ayudar a todos si fuera posible. Blancos o negros. Judíos o gentiles.

Tenemos que ayudarnos los unos a los otros; los seres humanos somos así. Queremos hacer felices a los demás, no hacernos desgraciados. No queremos odiar ni despreciar a nadie. En este mundo hay sitio para todos y la buena tierra es rica y puede alimentar a todos los seres. El camino de la vida puede ser libre y hermoso, pero lo hemos perdido.

La codicia ha envenenado las armas, ha levantado barreras de odio, nos ha empujado hacia las miserias y las matanzas. Hemos progresado muy deprisa, pero nos hemos encarcelado a nosotros mismos.

El maquinismo, que crea abundancia, nos deja en la necesidad. Nuestro conocimiento nos ha hecho cínicos. Nuestra inteligencia, duros y secos. Pensamos demasiado, sentimos muy poco. Más que máquinas necesitamos más humanidad. Más que inteligencia, tener bondad y dulzura. Sin estas cualidades la vida será violenta, se perderá todo.

Los aviones y la radio nos hacen sentirnos más cercanos. La verdadera naturaleza de estos inventos exige bondad humana, exige la hermandad universal que nos una a todos nosotros. Ahora mismo, mi voz llega a millones de seres en todo el mundo, millones de hombres desesperados, mujeres y niños, víctimas de un sistema que hace torturar a los hombres y encarcelar a gentes inocentes. A los que puedan oírme, les digo: no desesperéis. La desdicha que padecemos no es más que la pasajera codicia y la amargura de hombres que temen seguir el camino del progreso humano.

El odio pasará y caerán los dictadores, y el poder que se le quitó al pueblo se le reintegrará al pueblo, y, así, mientras el Hombre exista, la libertad no perecerá.

Soldados: No os entreguéis a ésos que en realidad os desprecian, os esclavizan, reglamentan vuestras vidas y os dicen qué tenéis que hacer, qué decir y qué sentir. Os barren el cerebro, os ceban, os tratan como a ganado y como carne de cañón. No os entreguéis a estos individuos inhumanos, hombres máquina, con cerebros y corazones de máquina. Vosotros no sois ganado, no sois máquinas, sois Hombres. Lleváis el amor de la Humanidad en vuestros corazones, no el odio.

Sólo los que no aman odian, los que nos aman y los inhumanos. Soldados: No luchéis por la esclavitud, sino por la libertad. En el capítulo 17 de San Lucas se lee: “El Reino de Dios no está en un hombre, ni en un grupo de hombres, sino en todos los hombres…” Vosotros los hombres tenéis el poder. El poder de crear máquinas, el poder de crear felicidad, el poder de hacer esta vida libre y hermosa y convertirla en una maravillosa aventura.

En nombre de la democracia, utilicemos ese poder actuando todos unidos. Luchemos por un mundo nuevo, digno y noble que garantice a los hombres un trabajo, a la juventud un futuro y a la vejez seguridad. Pero bajo la promesa de esas cosas, las fieras subieron al poder. Pero mintieron; nunca han cumplido sus promesas ni nunca las cumplirán. Los dictadores son libres sólo ellos, pero esclavizan al pueblo. Luchemos ahora para hacer realidad lo prometido.

Todos a luchar para liberar al mundo. Para derribar barreras nacionales, para eliminar la ambición, el odio y la intolerancia. Luchemos por el mundo de la razón. Un mundo donde la ciencia, el progreso, nos conduzca a todos a la felicidad.

Soldados: En nombre de la democracia, debemos unirnos todos.”

La democracia es el proceso que garantiza que no seamos gobernados mejor de lo que nos merecemos.

George Bernard Shaw (1856-1950)


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