Los “eunucos” de pensamiento cada vez tardan menos en darse cuenta que lo son

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La decepción y el desencanto de aquellos que llaman a las concentraciones públicas para protestar contra lo inadmisible, ya sea hacerlo por la subida de impuestos y una corrupción sin límites de gobiernos cadavéricos que no terminan de ultimar sus suspiros y mucho menos sus últimas voluntades, auspiciados por la atonía de los mediocres políticos que defienden su arbitrariedad mediante el voto de seguir al faraón, pedantes del sistema que también se suben sus sueldos para estar a la par, es un hecho que se repite constantemente en todas las comunidades autónomas de una España escuálida y pronto efímera en su pronunciación como nación, sin importar a quienes nos administran que desde la historia hasta los negocios, profesionales cualificados y medianas empresas de demostrada competitividad se sigan yendo a pique, sin que nadie tenga valor y capacidad de reunión mayoritaria para secundar las citas puntuales atrayendo a las “huestes” perjudicadas que lo son casi todas, que también abogarían por plantear la interrogante de que esta esfera de restricciones pandémicas todavía no se encuentre solución para con el tejido industrial y los empleos que del mismo depende, que van desapareciendo por instantes en un hemisferio potencialmente atractivo hasta hace algo más de los impedimentos que surgieron a raíz de la tan casual “coronavirus” de fiebre y marras, urdida presuntamente, a lo mejor para instaurar un nuevo orden mundial o permitirle al diablo que pudiera ser instigador del desastre alojado en la nave del misterio sideral, que sin duda le ha dado un respingo de aire contagioso a una recesión económica universal, más aguda y escalofriante que el canto de un grillo, advirtiéndole a destiempo a una rana cabreada cuando se sintió perforada por el infecto aguijón de un escorpión encolerizado, que después de darle muerte le pidió perdón.

Los convocantes sin ser revolucionarios ni arrogantes a llenar plazas, parques y jardines a manifestarse en eventos autorizadas o no, hicieron cálculos improvisados a través del supuesto éxito de los contenidos en sus espacios virtuales, realizados con esfuerzo del aficionado locutor que a la vez presentador de inquietudes generales, frente a micrófonos y objetivos de un celular de última generación en franca comunión y camaradería con el célebre y cada vez más imprescindible “youtube”, una plataforma útil en las redes sociales del que se reenvía mucho y pocas satisfacciones para dar a quienes los llenan de argumentos y tiempo perdido en bagatelas que secundar, invirtiendo en hacerse ver y oír, mientras desaparece la ilusión por el triste desencanto de otro nuevo loco de la colina, que creía que su programa sería más visto que un serial turco o latino, cuando lo cierto es que por alguna razón sería que el No-Do desapareció fulminante años atrás en los cines de barrio, para destinar su horario a otros mágicos anuncios publicitarios que sirvieron para demostrar a los españoles que ya vivían en los albores del siglo XX, con nuevas caras, fichajes deportivos y fetiches auto-gráficos, lanzando leyendas y mensajes en el consumo de todo lo que se fuese capaz de adquirir, creando un dios mediático y materialista, idolatrado en la pantalla por unas cuantas pesetas, antes de pasar finamente a visionar un film entretenido de indios y vaqueros, esclavos y romanos, moros y cristianos, la familia y uno más, la fiel infantería y las primeras incursiones de los espías con el 007, mientras en la plaza de Catalunya de Barcelona junto al sempiterno Corte Inglés tocaba el piano con monóculo el aristócrata Mora y Aragón, y otros estudiantes en el Brillante de Madrid, conspiraban y se comían uno de los más gustosos bocadillos de calamares con una caña bien servida,  nunca un refresco azucarado que ahora pretenden las autoridades sanitarias extinguir.

De nada sirve fotografiarse, filmarse, escribir y facilitar datos hundidos en el desinterés, más verídicos y escondidos que los facilitados por una bibliotecaria o el ratón de las estadísticas incompletas del INE, que siempre están comprometidos cuando al compararlos pecan de la fidelidad pecaminosa y provechosa que no fuese la del gobierno de turno que los emitió, cuando el nervio de la atención, posiblemente dañado desde que se inventa Internet, presintió que de nada fuesen a servir para cuando se pretendieran expandirlos y se encontrasen con un muro gelatinoso alojado en la dormida, vaga y discordante “trompa de eustaquio”, que ya no sirve para nada, salvo para abrirle la puerta a los estornudos y bostezos, que requerirán del PCR tan de moda y de una vacuna obligatoria, para hacernos creer que eso es lo único que nos puede servir para vegetar en un estado de congelación mental, experimentando de tal forma la idéntica ansiedad a la del eunuco que todavía duda y en ocasiones se resiente y rebela por su falta de genitales, para poder gritar abiertamente con voz ronca y potente su contrariedad, desgraciadamente en un mundo que se va mermando en su propia cobardía, en esa ceremonia contagiada y adornada de escoria dictatorial, rebozada por decreto “ley” que deja a la ignorancia nos vaya borrando poco a poco a unos el intelecto, a otros el alma religiosa y a los más conformistas las ganas de cerrar los ojos cada vez con menos visión de la realidad, careciendo de la esperanza que todo este embrollo algún día expirará, aunque se habrá de tener en cuenta el previo pago por la caja de ese proveedor sin entrañas llamado “estado del falso bienestar”.

Habrá que pasar.. y esperar en este mundo feliz de un Huxley inocente y delirante, que confundió la distopía con una película más terrorífica y todavía sin director ni protagonistas, aunque si más de 7.500 millones de extras y figurantes a los que en el guión se deberán exterminar o arrinconar a muchísimos, los que ya aparecen en una lista y están seleccionados para hacerles unas “primeras” tomas de lo que sea.. aparentar beber un “elixir en cáliz” de oro y plata que nos daría la vida eterna a todos sin excepción, un “jarabe de mercurio y plomo“, el pasaje para el “holocausto final”, el “gran diluvio”, la conversión en “estatuas de mar y sal” o el gran ataque de los “alien-siux” al “7ºde caballería de los Illuminati”, concluyendo con el “asalto a la comisaría del distrito 13” en busca del placebo milagroso, para una y otra vez repetir esta agónica escena que al parecer no es una saga al estilo de una larga serie sin final previsto todavía.

Y ahora sin perder la compostura, un ejemplo de la casta renovadora a continuación y en 4 ejemplos de vídeo, con pleno dominio cultural que dicen representar los titulares elegidos para mayor gobierno y orgullo de los intereses de la ciudadanía, elevándonos a la paciencia para soportar las insensateces e idioteces, el analfabetismo de quienes retribuimos con impuestos que malgastados no se merecen los inútiles señalados, y además seguir viéndonos sometidos a la tortura social, ordinaria y habitual al escucharles en sesiones plenarias decisivas, que no dejan de ser canalladas para el intelecto y vergonzantes para un país en declive constante, en donde el “eunuc@ mental” aumenta proporcionalmente y se crece poco a poco.


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