Los “verdugos” imperturbables de las economías caribeñas (1º parte)

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Aprovechamos para presentarles a un nuevo miembro de solitarios invisibles, el especialista en economía revertida Juan Senyek, que nos apoyará en refrendar las impresiones que recogemos. Bienvenido

La imperfección social no es una anomalía cuando debería abordarse la naturaleza de la esquizofrenia que produce la miseria.

Nadie pretende dar lecciones a quienes dirigen los designios de un país, pero de la misma forma que lo hacen negativamente e incluso premeditadamente también es de Ley intervenir al más puro estilo salesiano, pues de lo contrario el mundo estaría al servicio de un cíclope de una única mirada para no ver más allá de lo que sucede a su alrededor, ergo opiniones distintas a la gestión, podredumbre e insatisfacción, herrumbre educacional y vértigo cuando la ciudadanía no sabe a que altura está el miedo, es decir nos estaríamos refiriendo a un extraño animal uniformado militarmente, gorra de plato a la antigua usanza y vocación de fascista a flor de piel si todavía no lo fuese, rodeado de alimañas depredadoras que se apropian de lo que el líder desprecia y regala siempre que su voluntad en el ordeno y mando se cumpla.

Muchos gobiernos tienen a dirigentes de sonrisa afable, palabras conciliadoras, mente aparentemente despierta, abierta, concentrada y demostración entusiasmada de que como macho alfa de la manada o plebe, su condición como tal ya de por si debe ser estimada como un ejemplo de actitud democrática, cuando la realidad es bien distinta si no hace nada para frenar las desigualdades, que en este caso y dado que hay otras muchas en los que reparar, las relataremos en otro espacio, por lo que iremos a la concreción que ratifica nuestra oposición a considerar la siguiente argumentación, que no tiene explicación cuando la razón del convencimiento no se tiene ensamblada en el cuaderno de bitácora para ser analizada entre expertos, que al parecer huyen a la desbandada para dedicarse a la politica.

¿Cómo se puede vivir en un país que tiene precios desproporcionados en todos los sectores?, si comparados en su similitud a los de nivel europeo, en cuanto a vivienda, alimentación, educación, sanidad y ocio, por citar ejemplos, cuando el sueldo es miserable en el 85 % de la población, que si tienen un humilde trabajo o no mendigan vender algún aguacate al día acumulan la fiebre maldita de la desesperación. Hay percepciones nominales que se han establecido en 12.000 pesos (185 €) para un ordenanza de institución, 16.000 para un policia o 50.000 (767 €) para un especialista médico, cuando un político dice no tener suficiente entre pitos y flautas con los no menos de 500.000 que se lleva a su canasta (7670 €), además de otras exoneraciones fiscales como la adquisición de vehículos, otras prebendas, oportunidades “asesoras” y empleos como participantes solidarios de fundaciones, otros emprendimientos “legales”, y negocios variopintos, es decir privilegios y otros beneficios a mansalva que la influencia acerca al panel de rica miel de la abeja reina.

No es de extrañar que cada vez haya menos música en las plazas, que los carritos que no dejan de ser automóviles, la mayoría destartalados e inseguros que transportan a más pasajeros de lo habitual se desplacen ciegos, sin frenos ni luces, y en todo momento empleando las manos para hacerse ver con paradas imprudentes, alardeando de sonidos estridentes que son los mismos que inundan el ambiente en los llamados tapones, que los dejan inmovilizados para seguir el rito de seguir tocando la bocina (claxon) de lo que probablemente sea una manifestación acústica general del descontento que reina en el ambiente de una aburrida vida, que no es fácil cuando el ciudadano se enfrenta a los precios de la canasta de la compra diaria, a la inseguridad cada vez más violenta y a los oídos sordos de quienes deberían velar algo más por su bienestar, y no por seguir atemorizándoles con la aplicación de nuevos impuestos por el trabajo personal en la figura de una reforma fiscal, que dicho sea de paso carece de legitimidad cuando no se controla el gasto corriente, se piden créditos a discreción que hacen aumentar la deuda y no importa que los precios suban, pues cuando más aumentan más se repercute con el 18% del ITBIS de marras. Y si vas a celebrar un ágape en cualquier restaurante te someten a un 10% más, lo que por ende hace que la caja de los impuestos aumente proporcionalmente, pues la economía debe seguir su curso aunque sea a regañadientes.

Parece que todo se haya enfocado en repartir miseria salarial a todos para que nadie se queje de que algo le llega para ir tirando, mientras eso mismo sucede con una estructura mastodóntica de un estado que se nutre de unos 700.000 empleados, sin contar los indirectos que trabajan para el mismo, cifrándose en otros 500 mil de los subcontratados, considerando que la población dominicana, pues este país es al que nos referimos, llegará en breve a los 11 millones, haciendo así que el reparto de la riqueza sea considerado un maná en el escenario de una supuesta abundancia hipotecada hasta las cejas o con más deuda que Alemania cuando perdió la guerra en 1945, en donde la alta gama de lo inalcanzable para la inmensa mayoría se pone de manifiesto para ostentación de otra clase privilegiada que no usa el látigo pero si una soberbia desmedida, que es la misma en una gran mayoría que se presta a reconducir los parámetros para que la “saneada” corrupción se reparta equitativamente, nunca extirpada y clientelar de una escala media desmedida, sea invariablemente la que realmente vote al candidato de turno, para apuntalar el negocio del que quisieran eludir el calificativo de “bananero”, pues con unos o con otros seguirá siendo provechoso.

assideremaxime@gmail.com


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