Marco Antonio Corvalán, un arquitecto reconocido que sigue en paradero desconocido

Arquitecto y diseñador de interiores en el que su principal virtud es una trayectoria silenciosa y ejemplar, algo inusual en el sector, lo que no es óbice ni valladar para reconocer una estimada profesionalidad en otro solitario invisible.

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Marco Antonio Corvalán Mangiamarchi, chileno, 53 años, arquitecto por la Universidad Central de Santiago de Chile, y a la vez diseñador de interiores como último eslabón indispensable para completar su trabajo, tanto en el espacio que da cabida y realza al continente como al contenido de la obra, en el que se propone vistosas realizaciones de mágica geometría y conjuntadas que a buen seguro suelen ser afines a la personalidad de familias, moradores fijos, ocasionales u ocupantes en tránsito.

Corvalán es un apasionado de su profesión a la que ha entregado buena parte de su vida, de sus noches de acordado insomnio, repletas de ideas buscando la mejor forma de ensamblarlas, consiguiendo finalmente de su flujo desordenado como artísta por defecto de una disciplina como es la arquitectura + el diseño de interiores, no dejar jamás en el cajón de sastre ningún hilo de conexión pendiente, fundamental reflexión que le hace merecedor de un gran respeto entre aquellos que no desean pasar por un motivo de decepción, lo que evita cuestionamientos y rechazos por parte de quienes confian en su labor y entrega.

Corvalán es un apasionado que sabe comunicar y conjugar lo que proyecta con sapiencia y holgura, empezando por plasmar trazos en bosquejos que servirán para dentro de un programa de tiempos, confeccionar una especie de “storyboard”, lo que le compromete a aumentar su creatividad sin haberla definido previamente, pues es tal su concepción imaginativa que la expresa como un plus que no afectará al presupuesto y plazos de entrega, condicionantes que su modestia ignora para seguidamente pasar a otro punto de menos vistosidad en su serio protocolo, como es su control personal sobre la calidad certificada de la selección de materiales a emplear desde un inicio hasta su final, incluso de los mecanismos eléctricos y aquellos elementos dispares que pueden depender de un servicio de asistencia técnica en un futuro, lo que revela un interés desmesurado por tener en cuenta todos los pormenores que le dicta su acumulada experiencia.

Corvalán es un mensajero avanzado en el arte de diseñar, proyectar y construir edificios y espacios públicos, y lo más notorio en él, en cualquier parte del mundo en el que como condición sine qua non deberá existir una reciprocidad empática de confianza entre las partes, confirmada entre quienes encargan un trabajo a sabiendas plenas del uso que le van a dar como destino y el concepto de ingenio arquitectónico que van a recibir de acuerdo a los parámetros que previamente se describirán, porque para Corvalán no hay nada que subyazca como imperativo si la superficie no se acomoda a una manifiesta utilidad y todo puede ser accesorio y subjetivo sobrante si no se define lo mínimo exigible en la obra desde el inicio hasta ese glorioso final, por ello Marco Antonio Corvalán desea participar o plenamente ser destinatario de la obligatoriedad que el mismo se impone en continuar con una disciplina involucrada, direccionada a formar desde la distribución del espacio y el tratamiento en la línea interiorista, por lo que su sugerencia se esfuerza en hacer entender que ello nada tiene que ver con la decoración de interiores, más si ello es un mecanismo ligado y conjuntado que tocar tampoco hará reparos en atender, siempre en colaboración con quienes tomarán en cualquier caso una decisión personal sobre gustos y preferencias.

Marco Antonio Corvalán admite una sensibilidad distinta con respecto a sus otros compañeros arquitectos, habiendo llegado a la conclusión de que seguirá siendo siempre un autodidacta, un enfant terrible que aparece y desaparece por propia voluntad, aprendiendo constantemente de los resultados de sus últimas encomiendas, lo que le obliga a mantenerse fuera de un sectarismo colegiado, elogiando el carácter didáctico de otros arquitectos chilenos que han hecho y mucho por lograr enarbolar una bandera de crédito en la profesión en un continente y en un país que siempre ha aprendido y ha sabido mantenerse fiel al entorno histórico y a las superficies destinadas a una evolución arquitectónica más actual, tales y por citar a algunos compatriotas, Cecilia Puga, Smilijan Radic, Mathias Klotz, Alejanro Aravena y Sebastián Irarrázaval.

Corvalán es uno de esos personajes atípicos dentro de la sobriedad que se espera de un estudio de arquitectura clásico, vislumbrándose en su trayectoria un sesgo natural, humano y profundamente empeñado en que todo salga a la perfección, de aparente admisión o receptividad en el momento de negociar una realización, no sin antes haberla estudiado con detenimiento, con cálculos y bocetos que pueden verse trastocados o alterados por entrever que puede existir un perfíl inadecuado o complejo a las pretensiones originales, vicios ocultos o a las dudas que pudieran suscitarse por incapacidad de asumir costes presupuestados, por cuanto la seriedad prima y se obliga a formalizarse en hechos consumados, doctos y aprobados que van perfilándose sin sorpresas ni rarezas, que presumiblemente tuviesen una interpretación que nada tendría que ver con el proyecto elaborado, aunque como bien dice Corvalán : “ si el problema es salvable, puede incluso que la modificación haga mejor el inicial de lo esperado “.

Marco Antonio Corvalán persigue los retos, las remodelaciones y las nuevas tendencias, técnicas y materiales que fortalecerán el sector de la arquitectura y el interiorismo, aduciendo en esta primera entrevista que siempre le quedará la ilusión de hacer un “remake” del diseño de La Casa de la Cascada, una insigne obra del célebre y admirado arquitecto Frank Lloyd Wright que la culminó en tres años para la familia Kaufmann (1936-1939).

Marco Antonio Corvalán Mangiamarchi, ayer en cualquier parte del mundo, hoy en República Dominicana, realizando in situ las obras que le marca el destino, aunque lamentamos que su soledad profesional siga en paradero desconocido.

  • Por deseo expreso de Marco Antonio Corvalán, las fotografías que se incluyen en este artículo corresponden a una obra de magnitud interna de remodelación sencilla e inacabada todavía que ha servido para ambientar el texto, justificando el hecho de pedir autorización para la reproducción de otras obras más acordes con su valor profesional. Una resolución que nos confirma el alto grado de seriedad de nuestro protagonista, solitario que desea ser visible para quienes exijan la máxima responsabilidad en un proyecto, ya sea de la envergadura que sea.  

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