Mirando a una isla a través de su única ventana

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Mirando hacía atrás con estupor, para seguir observando que la “limpieza” en el timón de respeto debe cambiar su estrategia en una isla caribeña, que navega solitaria y sin gobierno todavía.

Un vistazo desde la ventana del porche abierto de una cafetería italiana, nos hace detener la mirada sobre una secuencia llamativa, cuanto menos curiosa. Son las 8.30 AM de un sábado solitario a 25 de julio 2020, que registra el segundo toque de queda de una ciudad apagada, que antes del “coronavirus” latía con fuerza con salsa, merengue y bachata, en la que actualmente a partir de las 19.00 PM de la tarde anterior hasta las 5.00 de la mañana, se prohíbe todo tránsito de la ciudadanía, salvo las ambulancias con el destello de sus luces de alarma que sin embotellamientos o tapones como así se conocen, quizá sin prisas, corren veloces a toda pastilla, al igual que algunos automóviles autorizados a los que la policía detiene en los cortes de las grandes avenidas para cuadrarse y cederles el paso a donde les plazca y por el carril contrario.

La noche anterior ha tenido otro sonido distinto al silencio ordenado, el de algunas detonaciones en la lejanía que probablemente adviertan que la noche no es segura, ni tampoco para los que cometen toda clase de fechorías y se resisten a la Ley que les descubre y a tiro limpio les avisa, que el territorio no se puede convertir en “comanche” por mucho desaliento humano que exista.

Y ahora después de está breve introducción pasamos a relatar la sensación obtenida a la hora de un frugal desayuno. Ciudad Santo Domingo, capital de la República Dominicana, hora la anteriormente citada, lugar frente a la acreditada pizzeria-restaurante Mi Piace, Avda. Independencia esquina a la calle Alma Mater dirección subida a la Universidad Autónoma de Santo Domingo. Pasan las “guagas” (buses) algunas vacías y otras a media ocupación, cuando meses atrás no cabía un alfiler y el estar apretujado era todo un desafío a ocupar un mínimo espacio para sentar los traseros vestidos de algodón y telas de la rica ruta de la China residente, que tienen en la ciudad un gran desarrollo, desde el Pica Pollo a las tiendas de moda con precios asequibles que después revientan precios multiplicando por tres su valor en zonas turísticas más allá y empezando por la ruta del Expreso Bávaro. 

En la vía del asfalto cinco barrenderas, dos con mascarilla y tres con pañuelo tapando únicamente la boca y con escobón en ristre, limpiando las basuras esparcidas en las aceras pues no hay contenedores donde depositar los residuos, ahora con menos volumen desparramado en el suelo por el menor consumo en todos los sentidos y un cierre descomunal de comercios que han echado el cierre definitivo, lo que deja todavía oculto entre los huecos de los levantamientos de las raíces de los árboles, conocidos aquí como matas, una insignificante vida “minimalista roedora” alimentada.

Mientras tanto, los primeros “limpiabotas” se arman de cajón y lata de pintura como asiento, no todos con taburete hecho con tres tablas, todavía con “lagañas” en la cara, legañas en España, que colgando de los ojos echan ojo avizor en un escenario abrumado por las circunstancias, sin importar prestar sus servicios con quienes se crucen, ya sea calcen chancletas o los zapatos estén tan roídos que a la esquina próxima habrá que tirar si encuentran otros mejor conservados.

Las señoras barrenderas que realizan esta labor tan imprescindible de higiene en una urbe en donde habitan cerca de 3.500.000 personas, pendientes de no ser embestidas por algún conductor que maneja todavía ebrio o dormido, pertenecen a ese conglomerado del voto útil y seguro que produce el clientelismo de los sensores, intermediarios y gestores a favor del próximo órgano que más oferte y a ser posible sin competencia de ser reemplazado, que indirectamente monopolizan los políticos como empresas de servicios, ligadas especialmente a los municipios, que en esta ocasión como “botella opaca” indispensable para celebrar el éxito acostumbrado, no han servido para prolongar el mandato que durante 22 años ha tenido el Partido de la Liberación Dominicana PLD frente a su descalabro promovido por un avezado Partido Revolucionario Moderno PRM, que ahora tendrá que asumir si en los próximos comicios dentro de cuatro años, se queda con la herencia de la frágil concesión de un respaldo de un empleo público a negociar o desahuciar como carne de paro inmediato a un personal experimentado, si la oportunidad se sigue alimentando por sectores menos progresistas en cultura y educación, pero si imprescindibles por una concesión favorable de papeleta que no de voz, que no es escuchada como se debiera para ir corrigiendo distancias en una democracia que en realidad no llega a todos por igual, lo que repercute en la confianza.. y porqué no decirlo, en el peligro de aumentar la estructura de un Estado que puede duplicar una nómina funcionarial y desdibujar un proyecto de cambio o renovación del actual, que no deja de mantenerse a base de deudas insostenibles y una burbuja inmobiliaria que algún día estallará como lo ha hecho el síndrome de un virus ignoto, que ya empieza a ser delictivo para unas economías más enfocadas en el gasto público que en el ahorro ponderado de la banca tradicional si el plazo y el interés de la deuda es la adecuada, para ser distribuido de inmediato entre las capas más vulnerables y las “pymes”, que hoy pasan hambre y una incertidumbre que la ansiedad más acentuada no entiende, y que puede derivar en una muerte anunciada del país, sin causa más apariencia que el desaliento y la impotencia.

En cuanto a las señoras humildes que aludíamos, en otros puntos más alejados del centro de la ciudad en los que también desarrollan su labor, distante del citado con anterioridad y muy cercano a la Embajada de España y la Procuraduría General de la República Dominicana, ellas pierden más tiempo en rastrear lo arrojado y abandonado, pues si de algo les sirviese el envoltorio u el objeto encontrado, va a engrosar el peso de una mochila que todas portan a sus espaldas, siguiéndoles a corta distancia una serie de peregrinos de la miseria que van escarbando y recogiendo los desperdicios que a su paso dejan las obreras de las calles que tan necesario trabajo hacen, sabiendo de antemano que también son muy necesarias para conseguir ellas y sus familias una consideración y mejor trato, como el que se deriva en la canasta navideña que ya veremos si se reparte este año.

A nuestro entender no es tiempo de nuevos proyectos faraónicos y conflictivos y si atender los que requieren mucha limpieza tanto en la calle como en el interior de las gavetas de los despachos, que deberían ser discutidos en un Tribunal de la Competencia, como el aprobado recientemente por el gobierno saliente para la concesión de licencia para la construcción de un nuevo aeropuerto en Punta Cana, máxime cuando el actual propietario del mismo, el Grupo Puntacana, ha hecho ampliaciones y remodelación con esmero suficientemente, aunque claro está no siempre llueve a gusto de todos cuando el “agua” como dividendo no fluye, siendo necesaria otra fuente para ir dando cancha social y los barrios limítrofes no sigan quedando perjudicados como siempre,  quedando emplazados para un nueva invitación electoral, considerando las alianzas frustradas y fracasadas en materia económica, siempre relegadas en el capítulo político de los acuerdos rotos.

Alas 9.00 AM pasaban las guaguas “discrecionales” de los chatarreros antes que las oficiosas para ir retirando los inservibles hierros, trastos viejos y aquello que por peso y volumen fueron rechazados por los otros dos colectivos de la limpieza, las señoras y los sin nada ni bajo techo, dejando tras de si un reguero de suciedad que merecería un estudio en profundidad para dejar que la bella ciudad de Santo Domingo no se convierta en otro foco de infección más perjudicial que el “coronavirus” y su flema de intranquilidad mundana con cada vez menos mortandad real, incoando que la desidia es una mala consejera así como el dejarlo todo tal cuál está y esperar que el cambio sin Danilo Medina y Luis Abinader de repente al frente y sin hacer desaparecer a quien puede necesitar consultar y sin una varita mágica como apoyo, en ese preciso instante el sueño se convierta en una realidad palpable se se echa el programa electo “pa´ lante”. En ocasiones las coaliciones y por pura necesidad las pintan calvas, cuando no hay pelos que peinar.

Paciencia y todo a su debido tiempo, las barrenderas/os a seguir alcanzando cotas de prosperidad, los pedigüeños a transformarse en una nunca tardía formación profesional, los limpiabotas a educarse antes y ocupar las oportunidades que se puedan rescatar sin comprar y que puedan “chequearse” los demás en un recién nacido mercado laboral, con precaución sin caer de rodillas ante quienes les apoyaron por simulada convicción y así de manera piramidal ascender en orden idóneo y en cualquier escala social, permitiendo que los retos inacabados pueden seguir mirándose con un objetivo transparente y limpiándose con una inaudita confianza al ver, desde cualquier lugar de la geografía dominicana, que los compromisos se cumplen y la sonrisa vuelve a los labios de los incrédulos que las mascarillas hoy les impiden respirar en una libertad condicionada a una sanidad, que ya está en vías de causar menos bajas si se siguen los consejos del patrón, que aguarda sin nerviosismo intervenir prontamente para recuperar un país hoy a la deriva y mañana con un rumbo fijo, si todos reman en la misma dirección y nadie por despecho tira el ancla.


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