Mirando con cariño el pasado, mientras pocos rechazan el olvido de lo que queda del día

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¡ Cómo ha cambiado ésto !. Del laboratorio de ensayo actual a la escuela de espanto de antaño.. casi sin pájaros.

Vivir en un mundo canalla no significa nada si tienes las mismas armas para defenderte de los más listos del barrio, que ya no son como los de antes. Ahora te amenazan con un bullying, antes con una navaja de 4 centímetros y pico, después de soltarte un tortazo para provocarte y a los cuatro días ser más vengativo que ninguno y arrearle un manporro al que por decuido te atizó desprevenido en el recreo en una escuela de palmeta y pizarra. Y dentro de un rato te pueden bloquear en el whassapp convirtiéndote en el ser más desafortunado y despreciable del mundo, mientras que hace años dejaban de mirarte y hablarte hasta que se les pasaba el enfado y volvían a sonreirte como si nada hubiese pasado, hablando siempre.. hasta por los codos.

Nos hemos transformado en marionetas que se expresan con frases hechas y algunas perlas cultivadas del siglo XXI, en donde las chicas de veinte años con presencia de niñas bien, aunque no tengan para adquirir el último Samsung más barato de un mercado saturado, lucen una estrecha mente preocupándoles únicamente la pose en el selfie y a ellos el esfuerzo en Instagran por presentar abdominales aceitosos , intentando ambos géneros humanos y sin desodorante, que los descubran como maniquies de escaparate, y así seducir al del tupé que tiene coche, o cuando menos moto de 50 cc, o de envidioso moño teñido de rubio o rojo, cuando en otro tiempo las de diecisiete se preparaban a ser madres, dejando que el silencio del sexo encubierto al fondo de un cuarto oscuro no se prolongase más allá de las nueve, en donde inexcusablemente había que refugiarse en la casa para no ser señalada con el dedo o tratada de puta por una curiosa vecina, que dejó de estar presente en el rellano de la escalera, gracias a que los televisores de blanco y negro pasaron a color pobre de matices y de imágenes interesantes, viendo que las telenovelas tenían rostro y voz entrecortada y no había que leer novelas editadas en papel que en ocasiones era usado para limpiarse el culo, para dejar que la estrecha imaginación fuese incapaz de pensar más allá de cambiar en el botón de la caja tonta al segundo canal, que era toda una opción para seguir viendo más de los mismo.

Cómo pasa el tiempo, y aunque haya transcurrido un siglo nos seguimos disfrazando como lo hacían nuestros padres para no diferenciarse de nuestros abuelos. Da la sensación que los Beatles y los Rolling Stones nunca existieron, que Bob Dylan es un cantante folk que murió en la guerra de Vietnam cuando todavía tiene leyenda viva, y que “Éste es el fin” de The Doors, era acompañado en los coros por sediciosos protagonistas sacados de un cromo, descubriéndoles con “horror” el escritor polaco Joseph Conrad, al que sin ningún título honorifico de literatura, que nunca lo hubiese aceptado por indignidad al haber perdido el vaso del destilado Nalewka, pues sin ser un ebrio contumaz, empezaba a tener visiones de rara intelectualidad, a reirse de si mismo, cuando abordó el río en “ el corazón de las tinieblas “, después de hacerse amigo o enemigo de Lord Jim y el antagónico coronel Kurtz. Son enriquecedores sus relatos, y ya no los leen ni quienes tienen inquietudes por viajar, pues el teléfono móvil con gps es por antonomasia la base sin detalles de una distinta cultura, siempre virtual y de cabecera.

Y yo, desde el grado de desnutrición mental por irse secando la imaginación con algodones de sucio color y sin ya oír el sonido de los pájaros, salvo los de acero, lo echo, sin estar chocheando, todo un poco de menos, porque decir que mucho, podría ser un acto gamberro (palabreja que ya no se utiliza. Uy cómo ha cambiado ésto) de generar una violencia transgresora y gratuita que podría ser repudiada.. o imitada y corregida.. o no, tal vez sepultada, enviándome a un concierto del Che Guevará, que nunca cantó ni bailó tangos, mientras a sus discursos le ponían música de fondo con una “trova cubana”, mientras amartillaba sin munición su arma pues le quedaba el recurso de la letal palabra. La locura del recuerdo está anunciada. ¿ Habrá tiempo para olvidarla ?.


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