Del “móvil”, también llamado teléfono o celular, necesario y excesivo medio de comunicación

Oído, se escucha ¿ no ?, cambia pronto de “móvil”, aunque puede ser la “compañía” que tiene poca cobertura.

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En otro tiempo me hubiesen ajusticiado en cualquier esquina por escribir contra lo socialmente intolerable que afecta al sistema de falsa convivencia, denunciando excesos en los gobiernos, criticando las tomaduras de cabello y corrupción a destajo de quienes nos dominan con total desparpajo y desinterés de una Justicia a la que seguro habría de darle un repaso, y si no fuese por el teléfono móvil que aunque parezca extraño en vez de conseguir acelerar el aviso de percance o socorro a cualquier real contratiempo, lo que hace es entretenernos y eternizar la solución de muchos problemas, al convertirse en el instrumento de marca impronunciable, de pantalla táctil, digital y virtual en las imágenes, al que dedicamos buena parte de nuestras vidas para comunicarnos “satisfactoriamente” y finalmente descarrilar todo lo que deseamos creyendo que es importante, dentro de la repetición constante y el hábito aceptado de esbozar una sonrisa mientras recibimos otra llamada reconectada para ante el cúmulo de mensajes intrascendentes, queden reservados para ser reenviados. Y así pasan los días, los instantes y esos preciosos segundos que evitan sacarle jugo a nuestros pensamientos sobre lo que deseamos hacer y nunca lo logramos, encaminándonos a descontar los últimos ápices de humanidad gregaria que nos quedan, máxime cuando las baterias se agotan y hay que dejar enchufado a la red el artefacto convertido en una herramienta considerada útil de la que convencidos estamos, que es totalmente imprescindible para todo el mundo, incluso para los niños que han dejado de leer cuentos de aprendizaje para ilusionarse, exigiendo que ellos también tienen el derecho de poseer tan precioso juguete.

Creo sinceramente que si por alguna razón los teléfonos careciesen de un precio asequible para conectarse a Internet, al WhatsApp, Facebook, Instagram, al Tinder y otros muchos enlaces, el comité de sabios garantes para que la humanidad no se entere de la peligrosidad en la que vivimos cuando los mandatarios más volubles, indecentes, mediocres e insensatos, que nos imponen por defecto de exigirles lo que prometen, decidirían regalar esas pastillas mágicas parlanchinas que nos sorprenden cuando las accionamos con un clik, al igual que se hace con las impresoras a bajo coste que persiguen que se pague la tinta y el toner a precio injustificable de un contenido que se gasta con prontitud o se seca por una caducidad controlada en la química que la produce.

Muchos jóvenes alucinan con el invento, incluso los mayores que nunca sospecharon que podrían dar la lata a sus nietos e hijos, que iban a ser portadores de una cajita con música cuando se enciende el programa que les servirá para conectarse con la familia cuando ellos los deseen a cualquier hora del día y de la noche, sin importarles ser considerados entrometidos en las ajenas relaciones, sin importarles ser “necesariamente” absorbentes con objetivo de preocupación obligada, dedicándose a interrumpir otras tareas domésticas con exceso de tiempo y saludos, para a continuación “soltar” comentarios, y otros sucesos ocurrentes que protagonizan los vecinos o bien de las infidelidades de la vecina de enfrente, la asistencia a manifestaciones para que aumenten las pensiones, mientras la tortilla de patatas o la carne se quema en la parrilla.

Ahora se dice que estará penalizado que los jefes o superiores de un trabajo se pongan en contacto teléfonico con los empleados una vez finalizada la jornada laboral, lo que producirá, tal está el puente establecido de urgencias por falta de aviso a tiempo, si no se perdiese tanto en chuminadas accesorias para ejercitar la voz y el oído, lo que inducirá a que el carácter se avinagre y se traduzca al día siguiente en irascible, llenando justificaciones en un vaso que rebosará lo aceptable a conveniencia de los interlocutores, si se siguen rompiendo protocolos para que el trabajo siga al buen ritmo de siempre, no llegando a sentarse en un diálogo personal y directo para precisar que el “móvil” también debe descansar, al igual que ya hacen en algunas escuelas, en donde existe un cajón para que todos los alumnos se descarguen del mismo, corriendo el riesgo los profesores de que algunos padres se encaren con ellos cuando llaman a sus hijos y no les contestan, para decirles en la mayoría de las ocasiones que al concluir la clase pasen por casa de la abuela a recoger el pan o a la hermanita que los “yayos” han ido a buscar a la guardería.

Tales despropósitos y muchos más nos afectan y nos hacen pensar. Por cierto, debo terminar este comentario pues me llaman insistentemente y debo contestar, aunque sea una chorrada que importante puede ser y no deseo que me excluyan del grupo de la “guatsapp”. Un saludo y un simpático emoticono. Hasta pronto.


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