“No he podido evitar oírlo todo. Tenía la oreja pegada a la puerta.” Lástima que yo no tenía la llave para abrirla cuando tuve la oportunidad de hacerlo.

Comparte este artículo

Miren ustedes queridos “visionarios”, vampiros insaciables del saber y solitarios invisibles, acostumbrados indeterminados de este sitio, también inclasificables y adeptos de este blog que se castiga así mismo, voy a confesar como antiguo miembro de los servicios de información enfocada al análisis extraterritorial de un país que hace años me dejo aislado, vendido a mi propia suerte en el que por nacimiento tengo carné de identidad, qué sin estar confundido si estoy muy molesto por entender mi debilidad y escasa oposición, cuando no me rebelé y se produjo una negociación oculta sin mi intervención, paralela a la legalidad, esclavizada en un limbo administrativo de la justicia y enclaustrado, casi encarcelado por no poder viajar o huir a ningún otro lugar, con la condición de amenaza verbal de atemorizarme, afectarme familiar y en manera económica, evitando sumergirme en un sumario legal, evitado entonces en connivencia entre las partes de aceptar por prestar servicios, si así surgiese la necesidad, despertándome cuando la ocasión se presentase para obedecer sin más opción alternativa, por lo que puedo decirles, después de lo ocurrido por el transcurso de los años que estoy harto y consumido se seguir teniendo miedo, manejado a la voluntad de un expediente que me podría llevar a estar entre rejas si así existiese vigente, aunque no tenga más remedio de seguir “disfrutando” de la experiencia de tener pavor a un inesperado proceso, pues eso es sentirse esclavo estés donde estés, cuando pasas por la barrera de un control de seguridad y pasaportes, o cuando vives pendiente de una admisión de treinta días en una isla en la que te habías creído salvado por la campana, máxime cuando de vez en cuando te recomiendan que es mejor no hacer nada de lo que piensas o has empezado a hacer y tramar, evitando el peligro de reincidir en tu propia desgracia como destino, la de vivir sin un accidente provocado por la locura de un trastornado, una inspección de hacienda o la intervención de sospechas acumuladas en la que participaría la guardia civil subordinada a la acción política de los “otros” que dominan las circunstancias, que siempre buscan un cabeza de turco para hacerse notar desde un escritorio, que me hace recordar lo fácil que es desprenderse de un tipo que puede ser clasificado de manera errónea como peligroso sin serlo, pues eso en caso contrario no le haría dormir en paz .. cuando puede hacerlo.

Memorias de un imbécil atemorizado por su propia neurosis


Comparte este artículo

Comentarios

Be the first to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo no será publicada.


*