Para Álvaro, para nadie más, allá donde nos reuniremos todos en la última nada

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“La muerte es algo que no debemos temer porque, mientras somos, la muerte no es, y cuando la muerte es, nosotros no somos.”  Antonio Machado

Tras una noche en la que lo único que nos faltaba era más adrenalina para combatir la guadaña de la cobardía, y después de un enfrentamiento en el que necesitabas vaciar la vejiga con más frecuencia todavía, tras una operación dura entre algunos españoles custodiando un Spantax a la vez que recogíamos un pasaje del país vecino que se resistía al abandonar el ocupado años atrás, y cubanos experimentados contra no sé sabe quien realmente era el enemigo, en un Angola en rebeldía de todo lo que oliese a portugués, y de la que hoy dos de los que hasta el pasado jueves todavía nos preguntamos que hacíamos realmente allí, la repuesta siempre es la misma que comparto con el otro querido amigo perdido en el limbo ya, que pronto se nos fue del calendario de los cumpleaños que nunca celebramos. Álvaro siempre tozudo y disciplinado. Eramos jóvenes, así te respondo, yo más que tú y eso será lo último que escuches en el más allá si lo hay, pero probable sea el infierno y el diablo quien nos reciba para hacernos saber en que nos pudiésemos haber equivocado.

Nos pagaban bien y eramos la otra alternativa civíl, para seguir defendiendo lo que sabíamos hacer si tendría precio con elevado mucho riesgo y probablemente sería indefendible, como casi siempre sucedió, pero era la misma reacción de saber que valor y honor estarán compenetrados sin vacilaciones, por lo que nos dará igual, verdad Álvaro.. nosotros que empleamos 30 tiros en tres ráfagas cortas y en esa ceremonia de la venganza, contra esos 2 miserables morenos que destripaban a un zagal de no más doce años para que su padre maniatado y amordazado viese las partes castradas y hablase mientras sus ojos enterrados veían lo mismo que exhiben en una carnicería. Y ahí viene la ironía de cómo podría hablar el interpelado, cuando en realidad no podía si la boca con esparadrapo pegada la tenía. Siempre pensamos que al final esa imagen nos la llevaríamos consigno para demostrar que algo bueno hicimos.

Ya no quedamos más, Álvaro, todos excepto ya sabes quien. Nos habéis retirado a tiempo, aunque algunos quedan de la segunda generación con problemas de cordura, pues no pasaron por lo que llamaron saber estar en la línea del predicamento profesional: aguantar lo que te echen y responder sin amabilidad a lo que consideres que te envilece, pues siempre hay razón convincente para saber cuando llega la hora y no dejar que las babas te inunden la memoria.

Álvaro, te extraño amigo. Te echo de menos, aunque hablabamos poco, lo poco siempre fue cortés y sincero. Hace poco te mente y mira por donde aparece el destino, que recibo un maldito mensaje, al parecer inconcluso para decirme que sin honores, siempre seremos lo que fuimos y no lo que piensen de nosotros, esos que nos utilizan y usan como trapos de limpieza, jamás lo entenderán, una decisión aventurada que en su podrida existencia no podrían llegar ellos hacer.

Permite que utilice este blog, del que siempre renunciaste participar, para rendirte la única memoria, que no homenaje por lo bien que el impedimento lo aclara y obliga en nuestra comunidad, que a mi me sirve al escribirla, sabiendo que el último aliento, inexorablemente llega después, vivo, coleando o vencido, recordando a Ángela, tu mujer e hijas Juliana y Esther, que yo no podré estar en lo que hoy estaréis en luto “conmemorando” (ya sé lo que digo) en tu incineración, allí donde nadie tiene que saber, tu ascendencia canina de perro fiel de presa si te retan, pues la puta vacuna que ese ejército de las tinieblas sigue vitoreando sin compasión, al igual que tú la considerabámos de igual a esa mano que mece la cuna, como el último proyectil que nunca nos guardamos en nuestro arsenal, un macuto son penicilina, aspirinas, dos pasaportes, un boligrafo, una libreta pequeña, un cortauñas, el eterno cepillo de dientes y su “colgate” siempre presente, una lata de atún y más atún, sin olvidar el sacacorchos y ningún calzoncillo de reserva. Todo un lujo

No estoy conmovido, estoy enojado. Últimamente pasan demasiadas cosas que no me esperaba, tú encuentro con los demás viajeros en el tiempo, por ejemplo.

Álvaro, me importa un carajo lo que piensen de nosotros. Esta es nuestra resumida historia y prometo, al igual que tu harías y los demás sin duda lo hicieron, que antes que llegue el nuevo día, escanciar en mi mente ese alcohol que hace olvidar y limpia la mente, en mi caso algún gin tonic más de la cuenta.

Valor y honor, siempre hemos sido novios de la muerte, desde Melilla a Puerto Príncipe, aunque esa dirección nunca sería para nosotros, sencillamente porque el destino lo es todo, como tu pronosticases, una frontera inaccesibe e invisible que emerge o lo haría irremediablemente como la puerta de ese infierno del que huímos constantemente.. y regresamos al olvidar que existe, en donde la trampa se convierte en cartón, y el machete omnipresente en la llave que lo dobla y que nos abriría el corazón. Descansa para siempre, y espero dentro de mucho tiempo hacerte compañía en esa trinchera de la que siempre fuiste el primero en salir y sin saber a donde ir.. como todos y para no llegar a nada.


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