La inacción política que perjudica un sistema de gobierno que reduce el progreso.. tiene un riesgo

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Dónde hay patrón no manda marinero, pero en España no hay “mandamás” creíble y los pocos navegantes que todavía ejercen como alternativa, además con el título de políticos y la ambición desmedida egoísta por aferrarse al bote salvavidas, se han convertido en peligrosos lobos de mar unos, y los más en corsarios del sistema creyendo que tienen autoridad del gobierno que entristece las sombras de un poder corrompido, por las alianzas artilladas con confites de feria y el vulgar comentario de que no hay que alarmarse, que aquí no pasa nada. Y lo mascullan ya sea una o de otra ideología, que no filosofía y eso no les preocupará, para seguir aprovechándose de las rutas económicas que en todos los “tambuchos” encontrarán, después de achicar las putrefactas aguas que premeditadamente abren en descuidadas sentinas, las mismas en donde la corrupción no se ahoga y respira una inmensidad de oportunidades que aparecen flotantes para seguir en la élite de los intocables que defenderán su estatus con garfios, sables, uñas y dientes de un cuaderno de bitácora que confunden con una constitución que pocos cumplirán, prefiriendo elegir que el barco se hunda antes que ponerse de acuerdo entre toda la tripulación y llevar el bajel sin velas hasta buen puerto seguro, rindiendo cuentas como subordinados que son de las urnas, cajas adoradas por el destino e impuestas por unas elecciones que llevan camino del naufragio si las condiciones de convocatoria no se cambian, cuando la mejor solución sería la propuesta de listas abiertas de hombres y mujeres nobles de palabra para hacerlas cumplir las que se nieguen sin pestañear y dejarse de tantas siglas y patrañas que ya huelen a rancias.

Se dice que cada pueblo tiene el gobierno que se merece, pero en este caso habría que incluir a todos esos botarates, que no dejan de pertenecer a los cónclaves de piratas, corsarios, bucaneros y filibusteros que desde las gradas de la cubierta gritan, gesticulan y se engrandecen blandiendo amenazas verbales, insultos y una retahíla inconexa de pretensiones que con la mezcla y los acuerdos bastardos no servirán para nada, excepto para utilizar a los ciudadanos como moneda cambio inservible.

Sin duda personas inteligentes inmersas en una atmósfera de distinción terminan creyéndose que son indispensables, por lo que pierden su tiempo en elogiarse mutuamente o tirarse los parches de los ojos de unos a otros, con el único fin de observar a quien dirigirse para no llamar la atención del más peligroso contendiente, lo que nos hace pensar en que probablemente sea necesaria una rebelión entre las masas aunque se consideren cautivas en un zoo, para ir sacando de sus escondrijos a las ratas sabiondas y sin conciencia, que permiten hacer más daño a la democracia que los huesos y las tabas, muy a pesar de que muchos desconozcan su significado crucial para tener una razón de luchar.

En el año de 1789 Francia pasaba por una tormentosa crisis social que vislumbraba una nave a la deriva y sin aparejos, que aumentó con una carestía del precio de los alimentos debido a las malas cosechas y a la permisividad mezquina de los distribuidores que día a día los encarecían, viendo el pueblo descontento como la clase monárquica y sus adláteres se consumían en libertinaje y excesos gracias a los elevados impuestos que recaudaban, lo que propició la aparición de personajes y libre-pensadores dedicados a dar soluciones para recuperar la economía y derechos apenas olvidados, empezando por cercenar cabezas ilustres de ser necesario en escenarios multitudinarios para ser vitoreados, además de la intervención de otros más entusiastas que defendían el derecho inalienable de la libertad, la seguridad y la legalidad de los ciudadanos que no podían someterse a un feudalismo retrogrado. Las gentes humildes, los burgueses y comerciantes que padecían los estragos de un sistema dictatorial y humillante corrieron con los primeros gastos para los primeros barriles de pólvora, mientras la población se armaba de palos, cuchillos, hachas y rastrillos para paso de la muerte anunciada e ir recogiendo mosquetes de una soldadesca que desertaba, llegando a instaurar el terror a través de la guillotina que trabajaba sin descanso, lo que hizo que se dieran las circunstancias políticas de un nuevo orden en un mundo galo de comparaciones odiosas, reforzado del interés general por salir del caos permitiendo un golpe de estado para zanjar un conflicto.

Todo lo narrado anteriormente, que es poco en comparación con lo que ahora sucede y que se agrava por la crisis sanitaria que se padece, pretende convertirse en un recordatorio revulsivo y dispuesto a tratarse pacíficamente para la reacción combativa que pueden merecerse esos pusilánimes que pretenden intimidarnos, beneficiándose de su propia falta de memoria de lo sucedido en la revolución francesa, por lo que no estaría de más que se les recordase que todo lo que sube cuchilla baja cuando ya da todo igual, sugiriendo pónganse ustedes al corriente si merece la pena exponerse a hablar y seguir haciéndolo hasta que los representantes de los afectados se les seque la boca o les cosan los labios, lo que sería un error para quienes ordenasen un silencio cuando la reclamación ya es un clamor popular.


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