Cataluña: el petróleo es una moneda de cambio que compra fronteras

A dos años vista Cataluña se vislumbrará como un estado independiente de la Unión Europea.

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Hay petróleo en España y más de lo que los ingenieros estimaron en un principio.

Aunque no es compartido ni creído el razonamiento empírico que lo sostiene, ahora más que nunca se sospecha que existen fundamentos e interés atractivamente económico (petróleo) que determinará la ruptura de Cataluña con España, logrando una independencia republicana a dos años vista.

 

Casí 12.000 Km2 de yacimientos petroliferos frente a las costas catalanas en el mar Mediterráneo, son los causantes del apremio con carácter de urgencía para lograr la separación con el resto de España, que pretenden los políticos y otros sombríos personajes e instigadores reconocidos del complot de éste secesionismo pacífico y muy provechoso para unos cuantos, que ya ocasiona serios disgustos entre acérrimos nacionalistas y constitucionalistas, sin olvidar una población boquiaberta que empieza a temer lo peor por una ruptura y división social dramatizada, que enfrenta dolorosamente a familias en una comunidad que jamás padeció problema alguno.

El caos que origina la independencia se debe principalmente a un proyecto graciosa y astutamente orquestado, subvencionado a largo plazo, y nunca a fondo perdido, impulsado por los amos del mundo a través de su mensajero del miedo y el dinero, refiriéndonos a George Soros cuando se atreve a presionar en tal sentido a mantener la actitud colaboracionista del actual Presidente del Gobierno Pedro Sánchez, con quienes le concedieron tales atribuciones retorcidas y amañadas con una hipoteca negociada, y en este caso atada y bien atada con un lacito amarillo, quien debería tener el coraje suficiente para informar claramente de la reunión celebrada entre ambos, días después de la moción de censura que elevó al citado socialista y probable “príncipe de las tinieblas” a dirigir los designios de más de 47 millones de ciudadanos , llamándonos poderosamente la atención que ni siquiera la oposición parlamentaria haya exigido explicaciones de forma urgente sobre la visita del magnate al cabeza visible de la principal institución del Estado.

Tendríamos que repasar antes de argumentar, lo que viene a continuación de una crisis que todavía no se percibe con intensidad, dejando a la anterior recesión como el comienzo de un hito que secuencialmente va a experimentarse en la economía de España, para desgranar algunas interrogantes en su afección con Catalunya.

A finales de 2018 se espera una tasa de desempleo del 14,6 %, del 12,9 % al cierre de 2019 y del 11,4 % a finales del 2020, unas estadísticas que no hay que alabar y sí desconfiar, que puede interpretarse menos optimistas si se produce la consumación de una separación territorial, que aún si fuese así  tampoco no se modificaría con un aumento de la productividad en la economía española, algo que sin duda en el plano geopolítico y una vez producida la independencia de Catalunya, las cartas que apostarían por las nuevas fronteras dejarían de jugar y quedarían boca arriba para llegar a la conclusión del éxito separatista, sin que los trileros de algunos partidos políticos empeñados en mantener la unidad consigan otro efecto diferenciador en el escenario que se presentaría al concluir la ceremonia de la confusión con un acuerdo bilateral de inconcebibles resultados.

Las prospecciones realizadas en Tarragona hace años fueron concluyentes y se tergiversaron informes. 

Crear en los 32.108 km2 de superficie que tiene Catalunya, un microestado dinámico con más de 7.500.000 ciudadanos es el objetivo y la intención de conseguirlo sin bajar la guardia, en los que muchos migrantes recibidos con la connivencia de Generalitat y Ayuntamientos, se convertirán en una mano de obra dócil y otra en un mini ejército con tintes étnicos que asumirían un papel de protección de límites orográficos e instalaciones industriales, especialmente del automóvil, con una clara disminución de costes e impuestos, dando estrecha observancia a las importantes plataformas petroliferas ya en producción y refinerias in situ, sin olvidar las ofertas turísticas para acercar un segmento de élite cinco estrellas y dando relieve a todo lo cultural y gastronómico; estaciones portuarias marítimas y aeropuertos con destinos y llegadas directas desde y a todo el mundo, toda vez que el corredor del Mediterráneo (transporte de vía férrea de última generación) se habría consolidado para abastecer a una Unión Europea que otorgará el placet para la incorporación catalana en una de sus estrellas abanderadas. Y sin duda, después de contemplar un panorama alejado de cualquier desolación pronosticada por el vuelo de cuervos y cómicos en paro, después le tocará el turno a las islas baleares para imitar el mismo proceso, pues el oro negro también se esconde bajo sus aguas.

Después de una tímida prospección sin resonancia alguna en los medios de comunicación, se están solicitando más licencias para una futura explotación frente a las costas de Catalunya, pero he aquí el quid de la cuestión, el duelo entre lobys y la presunción de que dichas autorizaciones están en manos del gobierno español y no del autonómico, están ocasionando con obsesiones una guerra interna de fragmentación irreparable, que aunque parezca raro, la organización de las cuatro barras y ya con la inteligencia israelí de por medio como un aliado poderoso desde cualquier ángulo, que desde el primer momento ha visto una expansión de sus intereses comerciales y geopolíticos con un compromiso serio para fortalecer sus relaciones, es predecible que pueda esperarse una unión garantista de éxito, que por ahora se queda urdiendo planes y programas de defensa patrimonial de la Generalitat, por el momento en el sótano del albergue de la Casa Gran, en donde ya se redacta una especie de ” brexit ” blando que se celebrará con crema y cava procedente de la afamada viña catalana.

Al parecer España, tanto en la zona mediterránea como vasca tiene petróleo suficiente para considerarlo como uno de los futuros proveedores en directa competencia europea con la árabe, lo que ha hecho que Israel a través de su valedor, mediador y seguro conseguidor George Soros y Cia, no tenga reparo alguno en tender una mano enguantada e invisible para que la conspiración que se ha pergeñado al alza, obtenga en dos años un negocio compartido mediante financiaciones procedentes de los fondos de inversión que buscan rentabilidad. Una oportunidad y decisión que la banca española despreció por no contemplar la huída catalana como una causa posible, considerando que trocear España no fuese la solución más idónea y ejemplarizante para el resto de comunidades autonómas, debido principalmente a temer que el reconocimiento de una nueva nación tras otra, como la vasca, implicaría un nicho de deuda que financiar y sostener mientras durase un proceso de considerables proporciones para una sostenibilidad sin precariedades.

No hay que olvidar que los países en la América de las oportunidades, administrados por la realeza a distancia y la iglesia, fueron sometidos hasta que los propios españoles afincados en esas tierras decidieron levantarse e independizarse de una corona que nada les aportaba, salvo el pago de impuestos y una extorsión religiosa, lo que significa que si entonces se pudo trazar unos límites a golpe de ignorar advertencias, con mano firme en la empuñadura de la espada para desenvainarla si fuese necesario, y las ballestas cargadas con saetas envenenadas de otros extranjeros que apoyaban el litigio, ahora poca sorpresa nos causará levantarnos de la cama sabiendo que con nuestra pareja de hecho, pero sin derechos nunca consumados hemos dejado de pactar, huyendo y deteniéndose en el salón para ponerse guapa, pues novios, seguro Catalunya los va a enamorar, además de Israel, Samuel y Benjamín Netanyahu, éste útimo que a la vez puede impedir indirectamente la recuperación del Al -Ándalus del radicalismo islamista, sin olvidar que todavía le gustaría ejercer de jefe del Sayeret Matkal con tal de pasearse un día por la corta y estrecha calle del Call en Barcelona, ubicada en el barrio judio de la ciudad condal para pensar que “ sin perdonar a la inquisición, nunca nos fuimos, siempre hemos estado con vosotros y volveremos muchos más para compartir seguridad y prosperidad ”. Creemos que George Soros comparte idéntico deseo, quizás por otros motivos más relacionados con la posesión y el juego que da sus credenciales convertidas en una baraja de poker.

 


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