Poniendo pies en polvorosa a 12 agarran y otros 12 se volatizan en la niebla.

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Lo que se oculta tras la desbandada de los 24 marroquies, a lo que han pillado ya a 12, tiene algunas fisuras en la historia que no rasguño alguno en sus cuerpos por una tentativa de escapada, de cuando llega el avión a Palma (Mallorca) en parada obligada, cuando el destino era Turquía y apareció de repente la urgencia de una persona que requería de ayuda médica, por lo que se decidió aterrizar en una isla en vez de la península, y es ahí en donde hacemos algunas observaciones.

Cuando una aeronave aterriza no suelen abrirse las puertas si todos no siguen sentados, máxime cuando lo primero que se hace y desde el suelo es subir por la escalerilla y asistir al paciente a través de un galeno e in situ practicar primero una exploración docta de examen para decidir posteriormente si es necesario o no introducirle en una ambulancia.

Se crea una sensación de desconcierto y un motín incomprensible, lo que hace que bajen los 24 en tropel, lo que nos hace suponer que estarían todos juntos y en filas próximas a la salida, lo que se contradice con las normativas aéreas, ya al parecer la fuerza pública carecía de presencia en la pista cuando los protocolos advierten que cualquier acción similar pudiera considerarse terrorista.

Los 24 todos a una se dispersan en una misma línea, llegando a las alambradas en un punto fijo que al parecer fueron avasallas con medios propios metálicos no detectados o porque ya estaban manipulados los cerramientos, y lo hacen sin más pertenencias que la vestimenta que llevan puesta, sin bolsas ni maletas, lo que nos hace sospechar que esta huida ya estaba programada, organizada para poner a salvo a costa de unos penitentes, engañados migrantes de ocasión planeada, a fin de cubrir la espantada a lo invisible de los otros 12 desconocidos, que probablemente deberían de esfumarse en la espesura de la noche y recogidos por una camioneta camuflada, probablemente por la suposición de ser considerados personas relacionadas con los medios de información argelinos que debían ser retirados a tiempo de un escenario delicado, siendo una cuestión de tiempo ser descubiertos por los eficaces servicios secretos (DRM) alauitas.

Tampoco los servicios de la guardia civil y policía española han pasado datos y fotografías de los entrometidos sediciosos, dado que en los aeropuertos se captan las imágenes además del paso por escaner de los pasaportes. Algo no encaja.

O bien aparecerán camuflados en una nueva remesa de pateras llegadas a Mallorca, o ya estarán protegidos en algunos pueblos de su rica orografia, para pasar más tarde a ser dispersados por algunas multitudinarias ciudades.

De lo que no nos cabe duda alguna que irán apareciendo otros sucesores del complot aéreo, que asumirán su papel a cambio de un mejor trato con penas reducidas, en las que estarán mejor entre rejas durante un tiempo, que dando tumbos sin lograr nada que no sea seguir viviendo de las ayudas que concede una España, que ha asumido que hay que seguir trabajando entre amigos y enemigos para que el gas siga fluyendo y no se convierta en un conflicto.


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