Las promesas electorales se han quedado sin cuestionar la realeza española

Menos “reales” gastos serían convenientes para ir adaptando las verdaderas necesidades del Estado a una democracia sin lastre monarcal.

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Cuando alguien llora a lagríma viva irá menos al mingitorio, cuando alguien ladra a tus espaldas tendrás una excusa para no oír lo que no deseas escuchar, cuando alguien miente y lo sabes, te perjudica y si no haces nada por evidenciarlo y evitar que nuevamente vuelva a suceder, haz lo imposible para reaccionar, y si no lo haces no deberás quejarte después de lo que te ocurra, pues te convertiste en cómplice de un diálogo inexistente, incómodo y abrumador del que nada en claro sacarás. Y eso es lo que pasa con España y sus máximos representantes coronados. Nos hemos acostumbrado a “pestañear” derramando escasas gotitas de agua oxigenada cuando sus “majestades consentidas y políticos mimados” siguen siendo cuestionados, entonando el cántico popular por las revistas de sociedad, de cotilleo y el BOE, así como otros transgresores del sistema que con voz trémula no admiten nada de todo este desfile de dispendios que ya no hacen ninguna gracia, ni siquiera para criticar, lo que nos hace retener líquidos y otras miserias corpóreas por nuestra exagerada comprensión, optando por seguir escuchando repetidas promesas que son mentiras en boca de unos caniches con lacitos amarillos, y otros chuchos con “caninos” de molares de cuidado, así como otras mascotas luciendo nueva “piñata bucal”con la que morderán insistentemente la piel para librarse de su aparatoso collar, y es ahí, por falta de trabajo, si hay independencias o estado federalista, que lugar se le reservará al coronado monarca, y en que programas se le prestará para hacerle intervenir y justificar que algo hace, esperando que no haya que pagarle las horas extras y el menú casí vegano de la reina, y otra serie de comparsas.

Y mientras tanto a seguir aguantando, perseverando mentalmente en que todo este despilfarro y caos acabará algún día.

En cuanto al rey emérito que supuestamente ha cometido délito, y todos somos iguales ante la Ley, por citar un ejemplo de premonición, suponemos que con sus huesos y bastón real que le sostiene al andar, se trasladará a Suiza con guardaespaldas y coche oficial, asumiendo el costo que se reflejará en esa columna de los presupuestos que se reconoce como fondos reservados, favoreciendo realmente a quien ha traicionado a su pueblo por el víl metal, poseyendo cuentas bancarias y la cantinela de que no hay nada que declarar en la aduana que tiene Hacienda de la que no se libra nadie, o él tal vez.

Si el émerito rey Juan Carlos quiso ser comisionista nada que objetar, lo recomendable hubiese sido dejar la corona, como tarde lo ha hecho a su hijo Felipe, y seguir con sus contactos, sus amiguetes y negocietes del emírato, prosiguiendo dando muestras de ser un hombre campechano y siervo de sus propios lacayos que desde arriba le dicen por dónde y cuando navegar, aunque lo propio sería desterrarle de la misma forma que él haría en caso de padecer un intento de rebelión o de golpe de Estado al más alto nivel. Si en Sudamérica se libraron batallas por prescindir de “tronos”, en una Europa envejecida debería tomarse nota para respetar lo que atado y bien atado está, pero con condiciones y con más humildad, pero si se consiguen pruebas definitivas de que ha habido un ejercicio de exceso de prevaricación, influencias y poder, en el tejado de quienes nos representan está enmendar el error.

Ya no estamos para tantas bromas ni fantasmadas, para tanto presumir de monarquía parlamentaria que comprobados los resultados no sirve para nada, únicamente para gastar en viajes a Palma, vivir en palacios lujosos del oso y el madroño y disfrutar de un trono de plástico que algún día puede dejar de flotar. Tanta alcurnia y alto copete, tanto arrodillarse ante estatuas de barro innecearias deberían dejar de primarse y ajustarse a lo que digan las urnas para que el “monarca Jefe del Estado español” pase por las mismas para ratificar su elección como tal.

En España no existe la equidad, se vive bien aunque podríamos hacerlo mejor si no fuese por los casposos politicos que en cuanto alcanzan el poder de hacer lo que les plazca, se suman a silenciar las desaveniencias del pueblo con la obsoleta monarquía a la que sin duda hay que desmantelar si hay una votación mayoritaria, dejando finalmente de prodigarse y ya no de vez en cuando el “jefe del Estado” en actos conmemorativos y el besamanos oficial, partiendo de que esas acciones se acrediten con cada vez menos consideración y aceptación de un pueblo que exigiría un referéndum para discernir : monarquía SI o monarquía NO.

El patrimonio hay que reducirlo a favor de quienes más requieran de ayuda, pero es el pueblo soberano el que debe considerar que hay que reducir gastos, que se ocultan para no alterar a quienes están en desacuerdo con la obligatoriedad de contribuir a mantener a la costosa familia real. Aunque todo queda al descubierto si se propone una acción justa que omita conocer la trascendencia que demanda más solidaridad, transparencia y control y menos subirse a la carroza de un vehículo con cabina blindada y un largo número de eunucos, que viven a cuerpo de marajá y que hacen muy bien la pelotilla, mientras se comen un surtido de canapés y se beben con delirio el “moet”, que todos pagamos de nuestros bolsillos, mientras una mueca de desaprobación y una cínica sonrisa tras las cortinas del salón, no puede evitar el cronista al que le invitan.. a tomar dos fotos y a largarse por la puerta de servicio.


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