Punta Cana (Bávaro) vs El Hoyo de Friusa

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Un “hoyo” convertido, más pronto que tarde en un abismo, sería la más clara divergencia para definir una punto urbano sumergido en el caos urbanístico, el hacinamiento y las formas más degradadas de vida que distan a muy escasa distancia de los grandes núcleos hoteleros, en donde la suntuosidad y opulencia de medios ofrecida al turista marca las fronteras invisibles que las separan de otras menos gratificantes y afortunadas, mediante una barrera cultural superficial endémica, empobrecida, incluso inexistente y el progreso económico evidente, mezclado en un “canibalismo escénico”, fruto de la inexistencia de un papel clonado útil para protagonistas desmemoriados y erráticos, en esta gran obra de teatro de un mundo de espectadores que miran hacia otro lado evitando comprometerse, intentando no emitir comentario alguno en los entreactos.

En este ocasión será Andrés van der Horst, acreditado profesional que como consultor del gobierno dominicano, y del que nos consta todo partido político le gustaría tener a su lado como asesor y aliado, será quien exponga una visión escrita hace algún tiempo que no ha perdido actualidad, sobre ese punto “negro” encriptado en Bávaro – Punta Cana, provincia de La Altagracia, en donde se ha gestado una sociedad cada día más numerosa, en su mayoría llegada desde el vecino límite haitiano, ahora también venezolana, que se contagia y tiene un efecto llamada con una falsa y excesiva facilidad de las oportunidades laborales en una zona dedicada exclusivamente al turismo, que hoy se estanca debido a que la oferta humana es superior a la demanda, y sin tener en cuenta la experiencia truncada de un fracaso anunciado que hace que las autoridades de la República Dominicana, empiecen a creer que los acordes de la desesperación tengan repercusiones mal vistas ante una reacción de protección social que evite consecuencias dramáticas, evitando que en un “hoyo” de convivencia con anomalías, ya generacionales que no avanzan, empiece a convertirse en un abismo demasiado profundo sin posibilidad de rescatar a los más vulnerables, incapaces de escalar para alcanzar la cima de una mínima subsistencia.

Como secretario de Estado y a todas luces valorado por su sapiencia politica, Andrés van der Horst tiene el don de exponer una opinión comprometida, en este caso desde la nostalgia y la preocupación premonitoria, sobre un marco de hierro que forcejea para impedir que la pintura se convierta en un escenario de dimensiones desconocidas, que en cualquier mirada representaría lo desdibujado dentro de una amalgama de colores, pincelados por la falta de disciplina de quienes los trazan.

Repasando el futuro : El Hoyo de Friusa, lo que no queremos ver… Autor : Andrés van der Horst

Cuando queremos esconder algo, lo tiramos en un “hoyo”, lo guardamos en una gaveta o lo echamos en un zafacón (cubo de basura). Cómo podríamos enseñar a millones de turistas que tan cerca de sus paradisíacas habitaciones se apiñan miles de ciudadanos dominicanos y haitianos, viviendo en condiciones inaceptables porque en esta zona se produce mucha riqueza y pleno empleo.

Son las diez y media de la noche de este domingo y acabo de regresar de El Hoyo de Friusa. No puedo pensar en otro tema para mi artículo semanal que desahogar esta pena que me quita el sueño, a causa de la impotencia.

No es la primera vez que voy al Hoyo deFriusa. En el año 1991 cuando vine por primera vez a la zona siendo apenas un joven de 19 años, a abrir mí primer negocio en el hotel RIU Taino, antes de terminar mis estudios universitarios. Para ese entonces, la carretera que nos traída desde Higüey a Bávaro cruzaba por una zona, particularmente extensa para esa época, en que las comunidades eran pequeñas y las menos de 2 mil habitaciones hoteleras atrajeron a cerca de 20 mil dominicanos.

Detrás de ese cruce famoso, había un particular descenso en esas tierras arcillosas donde empezaban a levantarse casuchas improvisadas construidas por las personas que no querían desplazarse hasta Higüey (El municipio está situado a unos 145 km al este de la ciudad de Santo Domingo, capital de la República Dominicana) , que en aquel entonces estaba a más de una hora de distancia a Bávaro. Ese hoyo continuó poblándose sin planificación ni atención del Estado ni de la municipalidad, de la misma manera que se aprecian los cinturones de miseria en la periferia de Santo Domingo, o las famosas favelas de Rio de Janeiro.

Ese “hoyo”, oculto de los turistas, siguió creciendo, a la misma velocidad en que lo ha hecho el destino. Junto a los cientos de habitaciones hoteleras, se levantan millares de habitaciones en cuarterías, casuchas y destartaladas piezas donde se hacinan miles de migrantes de otras partes del país y de fuera de la República Dominicana, principalmente de Haití. El auge de la construcción hotelera e infraestructura y de los servicios, atrae mucha mano de obra supuestamente temporal, parar levantar los millonarios complejos, pero terminan quedándose de forma permanente en la zona.

Y de la misma manera en que a nivel personal se improvisa la vivienda y se desarrolla una economía irregular e informal, se continúa creciendo de forma ¨arrabalizada¨, desorganizada y cada vez es más difícil satisfacer necesidades tan básicas como el agua, a falta de un sistema de red canalizada y alcantarillado. Se improvisan pozos de extracción de agua junto a los sépticos, como preludio de lo que puede ser una crisis sanitaria de grandes proporciones.

El Hoyo de Friusa no alcanza para enterrar nuestra vergüenza, y ya no puede ocultarse más esa pobreza extrema en el corazón de la zona que genera nuestra mayor riqueza.

Es hora de salir de la inercia y la indiferencia.


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