¿Que los años pasan muy rápidamente? Sí, para el que envejece. (Knut Hamsun)

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La última reflexión de lo que queda del día.

El egoísmo personal e intransferible puede apuntalarse como propietario de una conducta individual que puede causar rechazos en los entornos más cercanos, o simplemente una oportunidad para lograr un ápice de protagonismo..

Cuando se presiente que la edad cumple años sin que se lo pregunte el calendario, aceptándolos por aburrimiento o cansancio, optando finalmente por mezclarte con viejos, seguro que se terminará jugando a la petanca en calidad de sujeto pasivo con jubilación garantizada. Y si decide acompañar al conjunto de jóvenes que lo admiten en un grupo con reservas y algo más de desconfianza, no hace falta cambie de actitud y se deje una coleta en el escaso cabello que le queda. Lo más honrado es dejar simplemente que se acostumbren a saber que puede el interpelado, convertirse por experiencia en el mejor dirigente alfa de una tribu urbana o de salidas moteras el fin de semana.

Arrepentirse de lo que se ha hecho es una necedad indolora pero creciente que nos vuelve más idiotas. Hay que contemplar el destino como viene y hacer lo que conviene, siempre que con ello el riesgo de equivocarse pueda o no servir de eximente de un problema aparente que cause perjuicio, pero nunca extendiéndolo a los que desde el primer momento mostraron respeto, evitando que cualquier manifiesto complementario se comparta por disidentes, dejando que las ideas y mensajes se los lleve el viento.

La vida no tiene un color único por el que presentir que se pueda ser feliz o desdichado, dado que los matices que se perciben, corresponden a un arco iris según el talante de cada uno, dando un valor de prioridades distinto en ese rompecabezas de las provocadas oscuridades que aparecen como única salida airosa de un laberinto, para alejarse y no disfrazarte de estupidez caminante todos los días.

Todo es más sencillo, y debe evitarse que nadie complique la vida de una existencia a la que le queda cada vez menos para convencerse que nunca hay que arrepentirse de lo que se dice, se hace o lo que se compromete. Sencillamente si no resulta favorecido el tutelado como jugador del destino, es una prioridad cromática la que obliga a cerrar los ojos, mientras en algún instante y por curiosidad se deberá seguir mirando al espejo, mientras no se termine de desfigurar la sonrisa con el falso misticismo que se emplea cuando en el desierto han desaparecido incluso la arenas de las dudas, que no dejarán de ser las arrugas de una cara, en una frente y en el alma que nunca hemos conocido.

Por todo lo dicho, lo aconsejable es quedarse con la homoestasis limpia de tumores, rumores, necedades y traumas, para seguir considerando lo importante que es conservar la ilusión en la poca vida que queda, en ese segundo perdido miserablemente por preocupaciones añadidas, por la seriedad de una inconfundible mirada reprobatoria, cuando a la vuelta de la próxima esquina que espera a cualquiera hora a la víctima, en cualquier lugar y a una eternidad caducada, hay que admitir que la concesión de la libertad subrogada y sin retorno ya no podrá decir ni reclamar nada, y mucho menos soñar con el futuro.. si es que llega y es de esperar que no sea en este interesante momento de una vida que se truncará si alguien decide dar un consejo y no aplicarse asimismo el argumento con tintes impresos de un coloreado cuento.


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