¿ Se necesitan los 500 locos de Zaglul ?

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D. Antonio Zaglul Elmúdesi, médico, psiquiatra, exiliado en 1960 en la “boricua” isla vecina por no verse humillado en la dictadura de Trujillo. Diplomático, escritor que a la vez profesor universitario, graduado en la Universidad de Santo Domingo y especializado en Madrid (España), nacido en San Pedro de Macorís ahora cumplido su centenario en 2020, y ya como director del Hospital Psiquiátrico Padre Billini para después postularse a su vuelta de Puerto Rico como catedrático en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), para posteriormente ocupar la merecida plaza de decano en la Facultad de Ciencias Médicas, grado que al final de su trayectoria le fue concedido el merecido palmarés de Profesor Meritísimo al Exmo. Sr. D. Antonio Zaglul.

Hecha la introducción anteriormente citada, el siempre venerado Dr. Zaglul, de origen libanés, al igual que Luis Rodolfo Abinader Corona, actual presidente de la República Dominicana, tenía la sana costumbre de exponer con claridad sus argumentos para después oír antes de preguntar, y así reforzar una máxima que consistía en que no se puede predicar con un ejemplo inexistente por no emplearse, y mucho menos exigir lo que con medios de arreglar los problemas se desatienden las soluciones, lo que refrenda la cuestión que exponemos a continuación :

La ciudad de Santo Domingo llena de historia, de calles y avenidas que sin nombres y números todas conducen a alguna parte, deleitada por un ritmo frenético de vida caribeña acompasada de merengue y bachata que dejan airear los múltiples colmados y plazas, pero en su deambular hay que ir con cuidado con el tráfico rodado, pues parece que los escasos pasos cebra para los viandantes se hayan convertido desde siempre en blancos de dianas mortales para las personas que andan a sus quehaceres, lo que el Dr. Zaglul analizaría como un comportamiento anómalo que requiere de una terapia mental antes de conceder una licencia para manejar, o bien retirarla en el supuesto de reincidir en ese atentado de lamentable ordinariez, cuando el objetivo corre y el miserable supuesto asesino acelera la velocidad.

En otro comentario, referirnos a la voluminosa basura acumulada en las esquinas, añadir que ha salvado muchas vidas, aunque parece una paradoja de inútil comparación, hay que decirlo y no por aconsejar seguir permitiéndolo, pues es tal la montaña de deshechos en fundas y bidones de todos los colores diseminados por doquier, que muchas veces han servido para que muchos ocupantes de motocicletas (motores) y scooter (pasolas) terminen su errática y rapidísima carrera compitiendo con otros suicidas participantes, frenándoles muchas veces estos “colchones” improvisados de porquería y no intencionados para tan díscola aventura de una correría ilimitada, que ya de hecho diariamente ocasiona muchas desgracias enlutadas, además de graves accidentes que deberían controlarse para evitar un elevado gasto sanitario.

Otra cuestión es la ejemplaridad que debe el Estado para con el ciudadano, en el que este observatorio se contrae por tres indicativos, cuando se pide austeridad en estos tiempos de Covid-19, a saber : Se solicita cumplir con los impuestos gubernamentales y la iluminación exterior e interior de muchas oficinas recaudatorias durante todo el día todavía siguen encendidas, añadiendo que algo tendría que respaldarse con la ejemplaridad de un “cambio” municipal e institucional cuando los edificios pertenecen al gobierno de la nación.

No podemos omitir otro tema relacionado con la integridad física de los ciudadanos, cuando muchos de los accesos a las aceras son verdaderos obstáculos para sortear y cables sueltos de acero pendiendo de los postes de madera y hormigón que podrían estrangular a un incapaz, amén cuando existen trampas en muchas calles principales en las que un miope y muchos menos un ciego podría prevenir no ser tragado por un agujero, que necesita una tapa metálica cuanto antes. Y mecanismos para evitar que se lleven el pesado hierro los hay.

Y lo que estamos denunciando a Dª Carolina Mejía, Alcaldesa de la ciudad de Santo Domingo, como una alerta ciudadana a los responsables de la urbe y un aviso por tanto a navegantes comisionados para de verdad preocuparse, dado que lo comentado sucede a 300 metros del reconocimiento que se le hace con una estatua en piedra y grabado texto alegórico al Dr. Zaglul frente a la Facultad de Medicina y Farmacia en la UASD, quien de estar presente todavía, con sus últimos 76 años y en ejercicio, más de un test de capacidad le haría a los culpables de tales desatinos, que claman un psicodiagnóstico que garantice la responsabilidad o el desahucio de sus inútiles funciones por un error en su elección, y de no ser así permitirle al insigne sanador mental desde dónde pudiera hallarse en paz, sacar del manicomio a sus 500 locos para que contribuyan a restaurar lo demencial.    


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