Somos pocos, indefensos y el miedo con algo de dinero es un tópico que nos perjudica

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Está lloviendo en la ciudad de Santo Domingo, República Dominicana, concretamente y mucho en el distrito de Universidad que es donde hoy reunidos algunos nos encontramos. Hay relámpagos continuamente como si fuesen destellos de un flash y los truenos han despertado las perezosas alarmas de los vehículos, que ahora inundan las calles de los alrededores con una estridencia vulgar, aberrante y molesta. De vez en cuando un rayo interviene entre las nubes y crea un clima de ansiedad que no durará mucho, pues por estos lares tropicales cuando hay huracanes a lo lejos se dejan sentir aquí para no olvidar que estamos en el Caribe, un área que se permite la licencia de avisar antes de que se produzcan las desgracias climáticas que por vientos encabezados por tormentas tropicales harán que las vaguadas se lleven, como siempre, las frágiles casas de madera con techos de cinc.

Percibimos nos observan de puertas para afuera, y en algunos casos en una especie de arresto domiciliario un tanto excéntrico, después de considerar que las “supuestas” informales entrevistas hechas con autorización pertinente del país que debería protegernos de nuestra seguridad y derechos, que por otra parte representante alguno debemos considerar que ni ha estado, ni estará y mucho menos se les espera, no creemos aceptasen de común acuerdo entre las partes y sin nosotros estar presentes, que puedan hacernos pasar de forma absurda el sábado y domingo enclaustrados en nuestros apartamentos sin poder salir, hasta que se levante un informe sobre personas relacionadas lejana, directa o indirectamente con el magnicidio de Jovenel Moïse, presidente de Haití, al que muchos lloran, añoran y se lanzan a las calles a no saber bien que pedir.

Dicho lo anterior, es posible que no haya relación a un comentario hecho en una informal reunión entre candidatos políticos, algunos dominicanos con intereses invertidos allá, aquí, y algunos organizadores que dijeron estaban allí debido a sus conexiones con el gobierno de la República Dominicana, en la que quienes ofrecíamos soluciones para un país demente, caótico y considerado eminentemente fallido, a instancias de muchas preguntas entre el variopinto plantel de intervinientes, se nos requirió una opinión, que ahora recordamos con algún borrón de memoria, sobre de qué forma se podía abatir a un mandatario y el cómo protegerle. La contestación fue taxativa y la ofrecimos profesionalmente, argumentando que desde dentro y en complicidad bajo recompensa con los responsables de seguridad del objetivo, y que de no acceder él o los elegidos, serían ultimados así como sacrificada toda su familia, lo que sin duda y con los ases en la manga, no cabría filtración alguna y seguridad en el atentado, debiendo madurar un plan de distracción al modo cómico y teleseriado para enturbiar el clima informativo (sic).

Sucedió lo que todo el mundo sabe como un hecho luctuoso en un Haití corrompido por sus dirigentes, empresarios monopolistas y la mala suerte, que poca madeja hay para encontrar la aguja en el pajar que esconde la verdad, achacando nuestra hipótesis a los carteles de la droga de las poderosas organizaciones Calí-Medellín y Sinaloa, que necesitan un país sin ley ni orden pero con bandera para protegerse, con puertos, aeropuertos y una puerta de emergencia terrestre que es la República Dominicana para sus operaciones desde lo centros de corrupción que existen, y que por esos volúmenes de un tráfico artesanal monetario en sacas y bidones azules no requieren de certificados que controlen el lavado de activos, cuando todo el país en sí es un crisol de inversión inmobiliaria en tal sentido.

Mientras tanto, y pensando que caerse de la escalera puede suceder en cualquier momento a quienes gocen de información no transmitida, la desafortunada sensación de estar inmerso todavía en el ciego ojo del ciclón, vamos a dejar que con este epitafio virtual todo quede en un simple susto, para advertir a quienes corresponda que nos retiramos del campo de batalla para ir al de cebollas, y determinar que aquí se acaba nuestra historia, de quienes de algún modo y manera ya nos van callando, harto sabido, para que otros sigan jugando. Nada más.

“Es fácil ser valiente desde una distancia segura.” Esopo / Tenemos cromos que intercambiar

Sigue lloviendo, y bajo recomendación expresa nos cobijamos por pacto de dejar todo acordado de cambiar cromos si es necesario, y algunos estamos arreglando los asuntos pendientes con la mayor urgencia posible, no vaya a ocurrir que el rayo de la impunidad de los sicarios, suplentes y becarios, verdaderas herramientas del mal sistemático que todo lo pueden perjudicar, destinen tras una juerga de alcohol y machismo, que una cosa es tomar clases de defensa de “krav magá” y otra es trasladarse como algunos en una “vespa” al alcance de cualquier demente.


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