Son demasiados los países que humillan a sus niños

Comparte este artículo

Parece que los hados desconocidos de la coherencia que rigen los destinos de las personas en aquellos países con un serio problema de conciencia sobre el “matrimonio infantil”, tienen deficiencias tan absurdas que se ahogan en las tímidas apreciaciones de incomprensión que todavía no admiten solución y que se manifiestan en debates inverosímiles para considerar que dichas “uniones” inconcebibles en una sociedad actual son terriblemente deshonestas, máxime entre una ciudadanía que se cree moderna e inflexible ante prácticas bochornosas, pues tales “dispensas” permitidas no entran ni pueden considerarse bajo oficio alguno dentro de un libro de familia, ni tan siquiera en un contrato firmado con letra o huella ante notario, que pueda legitimar como testigo tales apócrifas realidades.

No se necesita unanimidad institucional para llamar al estupro como un calificativo horrible y censurable, que sin duda debe penalizar el abuso de un varón mayor con respecto a la inocencia de una menor, sometiéndola a una crisis de identidad y haciendo que con el tiempo de una obligada esclavitud pervertida, se siga sometiendo a una inocente forma de conocer la sexualidad temprana y sin defensa, permitiendo que la víctima se considere más temprano que tarde un juguete roto a merced de un indeseable.

Las “maltratadas” niñas indefensas, “vendidas” a un desconocido o familiar cercano, oportuno postor y con descalabro emocional en ocasiones, se hace para quitarse de la mesa un servicio más e insignificante plato de “arroz con guineitos“, por parte de unos padres tan desnaturalizados como el que le promete el delincuente ofrecer y cada vez que quiera o se lo merezca a la adolescente, so pena de castigo por no doblegarse a sus instintos, algo que requiere de una intervención rápida de la fiscalia cuando diríamos que sin más dilación deben corregirse errores, por mucho que esos señalados reconocidos con el dedo hayan pegado carteles en épocas electorales y para muchos partidos políticos, en el que los dirigentes de tercer grado sobre este tema siempre han dejado atrás un problema por ellos considerado risueño e irrelevante, mirando siempre a otro lado por el exceso de candidatos a seguir aumentando las estadísticas de los reprochables.

No hay “matrimonio” que no se oficializa en una anarquía sustitutiva y vejatoria de una cultura ancestral, salvo el común acuerdo de “despose” por la Ley o religión, siempre voluntario entre personas que hayan superado la adolescencia y disfruten de una mente saneada, lo que hace irreversible que se persiga una conducta impropia que afecta el buen nombre de países que dicen abominar de tales aberraciones humanas especialmente en el Caribe, que justifican su inacción con un exceso de legislación y burocracia atrasada, prometiendo cambiar una situación que debería avergonzar a cualquier gobierno, para evitar una opinión de desconfianza en la proximidad de una juventud insatisfecha que padeció abandono, que nació en la pobreza y creció entre náuseas y una amarga tristeza.

Hay culturas más avanzadas debido al honorable análisis autocrítico que se presta a modificar actitudes y prescripciones socio-atrasadas, que se transmiten en la confusión y en la ignorancia que se olvidan y se degradan, tal es la apuesta que realizó la República Dominicana por abolir en el año 1944 una costumbre de arraigo instaurada, aunque decir tiene que se siguen observando en la actualidad excesivos casos paralelos y en las circunstancias citadas que deben ser penalizadas.


Comparte este artículo

Comentarios

Be the first to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo no será publicada.


*