¿ Son los hijos de hoy unos sicarios, quebrantadores de un estado familiar que prometía una felicidad ejemplar ?

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Comentar sobre las aportaciones que han hecho diversos especialistas en psiquiatría para desenmarañar y tratar las distintas fases en esta rama de la ciencia médica dirigida al comportamiento familiar, siempre será un reto admirable que se prestará a un estudio permanente para actualizarlo clínicamente en un marco muy diferente a las tipologías en el área referida, sometidas a su análisis, medicación y/o terapia en los siglos XIX, XX y XXI, difiriendo en tanto los problemas personales y las recomendaciones sociales se mostraban muy distintas a los actuales, lo que ha requerido que las miradas retrospectivas de los doctos en la materia que nos ocupa, tengan que enfrentarse con rigor a escenarios que sin duda requieren una mayor atención a los muchos casos que se producen con cada vez mayor confusión, lo que confiere un mayor testimonio de reconocimiento a determinados “cum laude” del saber en estos temas profundos y delicados, demostrando un denodado y meritorio esfuerzo por ayudar a personas jóvenes y sin curtir, que pueden verse implicadas en una penosa exclusión social, tanto profesional como el afectivo en su propio hogar.

Por lo manifestado anteriormente hay que rendir pleno reconocimiento a otorgar merecidamente a una de las mejores y más plausibles líneas de trabajo y sapiencia adheridas en la persona del Doctor César Mella Mejías, experto psiquiatra y humanista de origen dominicano, que junto a las compartidas en el mismo sentido preocupante, experiencias y legados del Doctor Juan Antonio Portuondo Espinosa ( imagen a la derecha ), fallecido en 2005, cubano de origen vasco, aunque versados ambos en la misma disciplina a pesar de la distancia, el primero por centrarse en el Caribe y el segundo habiendo ejercido en Europa, han sabido los dos mantener una opinión muy descarnada sobre el papel de los hijos en la vida en los pasados recientes años y en el hoy más actual, coincidiendo en que tras el nacimiento de un ser como un bien, deseado y querido, muchas veces no se tiene presente que deja de ser una “propiedad” de la pareja en cuanto éste empieza a balbucear, recorriendo con su mirada egoísta, nunca agónica del protagonista, que esgrime de forma innata una conquistadora sonrisa por todo aquello que lo deslumbra, ocupando un espacio gratificado muy importante y trascendental en la convivencia de los progenitores.

Este artículo, basado en una apreciación literal a través de la autoría del Doctor Profesor César Mella Mejías, sirve como complemento indispensable al ironizado por nosotros en un capítulo anterior, proponiendo a nuestros lectores, lean y con mucho interés el que reproducimos a continuación, cuyo contenido es de suma importancia para todos quienes de alguna manera tienen y sienten fraternalmente una relación directa o indirecta con esos hijos denominados, y sin ninguna maledicencia : “sicarios” del bienestar y quebrantadores de la voluntad familiar por intentar dotarles de una educación ejemplar.

” Hijos sicarios ” ( hijos sicarios del bienestar, quebrantadores familiares si no son educados con firmeza y ejemplaridad )

Para empezar habría de plantearse la siguiente pregunta: ¿cómo eduqué o estoy educando a mis hijos? ¿Qué valores inculco o inculqué a mis hijos?

Entre otros pormenores, a los jóvenes de este siglo hay que llamarlos varias veces en la mañana para llevarlos a la escuela y, digo llevarlos porque no tienen que tomar el autobús o caminar larguísimas distancias para llegar a ella. Y es aquí en donde comienza el chantaje emocional al responsabilizar a los padres de que sanos y salvos llegarán al centro de educación.

Se levantan generalmente irritados y medio dormidos porque se acuestan muy tarde, viendo la televisión nocturna hasta altas horas de la madrugada, o jugando con la playstation, hablando por teléfono o enviando mensajes por whatsapp, navegando o chateando por Internet, en el que se detectan entradas numerosas en páginas de sexo explícito que deberían estar prohibidas para su visionado.

No se ocupan de que su ropa esté limpia, y mucho menos en poner un dedo colaborador en nada que tenga que ver con saneamiento o arreglar algo en el hogar.

Tienen los juegos y equipos digitales más modernos del mercado, desde un móvil de última generación a una computadora que no pueden faltar, como tampoco el pago por su actualización. Hoy los hijos, muchas veces sin merecerlo, presumen ante sus amigos del celular de máxima potencia, más novedoso y costoso. Ningún desembolso les ha costado hacer. Si se estropean los aparatos, para eso están los padres, no faltaba más, hay que pagar la reparación o adquirir otro supletorio y ya de paso más actualizado.

Idolatran a amigos que aparecen y desaparecen como si apretasen un interruptor de apagado, admiran a falsos personajes de realitys y programas de influencers vacíos de ética y ejemplo que no sea el poder del dinero, la fama y el postureo. ¡Ah!, pero viven encontrándole defectos continuos a los padres, a quienes acusan a diario de que sus ideas y métodos están pasados de moda, están obsoletos y no sirven para tirar de una vieja carroza.

Se cierran automáticamente a quien les hable de moral, seriedad, honor, esfuerzo, voluntad por aprender y buenas costumbres, y mucho menos de religión para después elegir una espiritual inquietud. Lo consideran aburrido y suelen contradecir las opiniones familiares. Ya saben todo y, lo que no ¡ Lo consultan en internet !.. su dios preferido.

Nos asombramos, porque los “sicarios” cobran “rescates” sin más argumentos que la necesidad impuesta. A nuestros hijos los hemos acostumbramos a darles todo, incluso su “paguita” semanal sin que verdaderamente trabajen por ella, y todavía se quejan porque la cantidad nunca les alcanza.

Si son estudiantes, siempre inventan trabajos de equipo, estudios en casa de compañeros de instituto.. o paseos por el campo para respirar aire sano, que lo menos que uno sospecha, es que algunos, chicos y chicas regresarán a casa con una paternidad en camino y un embarazo consentido por la ignorancia más absurda, habiendo consumido alcohol y estupefacientes, que si no hay intervención rápida pudiesen seguir experimentando un vicio muy perjudicial.

Y cuando les exiges lo más mínimo en el hogar o en la escuela, lejos de ser agradecidos te contestan con desfachatez y exclaman con soberbia : yo no pedí nacer, es vuestra obligación mantenerme.. papás..

Definitivamente estamos “jodidos”, permitan la expresión, pues la tasa de que hagan su vida independiente se aleja cada vez más, pues aún graduados y con trabajo, hay que seguirlos manteniendo, pagando sus deudas, servicios y hasta los partos de sus hijos si deciden engendrarlos sin pensar si es el momento idóneo o no. nos

Con lo anterior, me refiero a un estudio que indica que este problema es mayor en chicos de la sociedad de clase media o media alta (o de capas medias urbanas) que bien pudieran estar entre los 14 y los 28 años o de más edad, ¿ lo pueden creer ?, ocasionando para aquellos padres que tienen de dos a cuatro hijos un verdadero dolor de cabeza y nervios templados para no desfallecer.

¿Entonces en qué estamos fallando?

Yo sé, dirán algunos que los tiempos y las oportunidades son diferentes, pues para los nacidos en los años cuarenta, cincuenta y sesenta, el orgullo reiterado, si vivían en un pueblo, era levantarse muy pronto al aclarar en día a ordeñar las vacas con el abuelo; ayudando a limpiar la casa, y no se frustraban por no tener vehículo, andaban a pie a donde fuera. Los estudiantes no se avergonzaban de no tener trabajos acordes con su estatus o ser ejecutivos primerizos de inmaculado traje gris, aceptando trabajos de limpiabotas y repartidores de diarios si fuese necesario para no tener que pedir nada a sus padres. Sin duda eran otros tiempos, pero ha convenido recordarlos.

Lo que le pasó a nuestras generaciones es simple: elaboramos una famosa frase que no nos dio resultado y mandó todo al diablo:

¡ Yo no quiero que mis hijos pasen los trabajos apurados y carencias que yo pasé !
Nuestros hijos no conocen la verdadera escasez, el hambre. Se criaron en la cultura de la felicidad y el desperdicio por el exceso : agua, comida, luz, ropa, entretenimiento.

Muchos de nuestros hijos, a los 10 años ya habían ido a Disneyland mínimo dos veces, cuando nosotros a los 20 si bien nos iba, conocíamos la capital, con su atiborrado tráfico y los grandes escaparates de tiendas que mostraban el progreso comercial y la invitación al consumo, oficinas de servicios, locales de ocio y un condimento para la imaginación puesta al alcance de los más emprendedores.

El pedir y el cómprame, siempre fue generosamente complacido convirtiendo a nuestros hijos en habitantes fijos de una pensión, con sirviente (a) y todo incluido, que después intentamos que funcionara como hogar.

Es alarmante el índice de divorcios que se está generando. Van a la conquista de su pareja, poca paciencia, mucha frustración y vuelven al hogar. Sólo unos meses más tarde, divorciados porque la cosa no funcionó; ninguno de los dos quiere servir con heridas sentimentales al otro en su nueva vida. Cómo nunca batallaron en la pensión con sirviente incluido, en la que se les convirtió en el hogar paterno, a las primeras carencias en el propio, avientan el paquete y regresan a la casa para que la mamá y el papá continúen resolviendo una vida estable de perfecto egoísta.

Este mensaje es para los que tienen hijos y que pueden todavía moldearlos. Eduquen con principios y responsabilidades, haciéndoles entender el hábito del ser agradecidos.

Háganles conocer que el hábito de saber ganarse el dinero con honestidad es primordial; la comida, la ropa, el costo de la estancia en la casa en la cual no aportan nada para el pago de los suministros básicos. Háganles saber lo que cuesta cada plato de comida, cada recibo de luz, agua, renta, vestido, sanidad, impuestos. Háganles sentir en su casa, cómo se comportarían ustedes en casa ajena cuando van de visita.

Por ese domingo con paga extraordinaria semanal, eduquen a los jóvenes en la cultura de la correspondencia y el agradecimiento. Los sábados o domingos propongan laven el automóvil, limpien la terraza, rieguen las plantas o que ayuden a limpiar la casa, ¡ NO SU CUARTO !, esa debe ser una obligación sin discusión posible ni ninguna condición, siempre sin pago de por medio por sugerir lo contrario. Háganles la costumbre de limpiar sus zapatos y zapatillas de deporte, de que paguen simbólicamente, por todo lo que gratuitamente reciben, implanten la ideología del mérito con una especie de beca escolar que ustedes pagan, y  por la que ellos no abonarán jamás ni un centavo. Eso puede generar una relación en sus mentes.. trabajo = bienestar.

Que entiendan que asistir a la escuela, es un compromiso con la vida, que no es ningún privilegio ni mérito asistir a ella. De la responsabilidad con el cumplimiento de ese compromiso, dependerá su calidad de vida futura.

Todos los niños, máxime los jóvenes deben desde temprana edad aprender a lavar, planchar y cocinar, para que entiendan la economía doméstica en tiempos que podrían ser más difíciles para ellos.

Vean con ellos la televisión, evitando caer en la telebasura, las telenovelas, los videojuegos violentos, la moda excesiva y toda la electrónica de la comunicación como un consumo accesorio, que han creado un marco de referencia muy diferente al que nos tocó. Cuando cometan errores, corregir sin acritud es de sabios, aconsejen establecer un diálogo abierto con ellos, no los ofendan, no los reprendan en público. Si lo hacen, nunca lo olvidarán. Nunca se lo perdonarán.. y la venganza puede ser horrible.

Estamos comprometidos a revisar con cuidado y método los resultados. Si fuimos muy permisivos, o sencillamente hemos trabajado tanto, que el cuidado de nuestros hijos queda en manos de las empleadas domésticas y en un medio ambiente cada vez más deformado llevado a lo hostil, será por el escaso cuidado que han tenido los padres creando un entorno inapropiado.

Ojalá que este mensaje llegue a los que tienen la oportunidad de cambiar o hacer algo al respecto. Ya los abuelos pagaron. Nosotros estamos pagando con sangre económica la adaptación a una nueva de transición.

Que cada quien tome lo que le corresponda. Que hagan lo que puedan y quieran. Recuerden que para que triunfe el mal, solo se necesita que la gente buena lo permita..

Finalmente algo de humor : En un acto protocolario una de las hijas de la reina Letizia de España le dice a su hermana : ” Le he pedido un móvil a mamá y me ha dicho que se pida a los reyes “


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