Soros representante de un dios en la Tierra

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.. o .. ¿ es él de incógnito ? .. o.. ¿ tal vez un padrino mal considerado al que la envidia no le supera ?

Soros el hombre dios de apellido palíndromo elegido a conciencia, al que le da igual que se pronuncie de izquierdas a derechas o viceversa, sean de la ideología que sean mientras sepan, si son líderes de gobiernos débiles y dictatoriales democráticos en apariencia, de que representa el máximo exponente de influencia y poder que le otorgan los amos de un mundo al parecer moribundo, para hacer crecer una idea de progreso o hundirla por el simple hecho de estar a bien con su otro yo, el de su mayestática bipolaridad entronada en el infierno de una oscura y oculta venganza, a lo mejor por no haber sabido hallar durante años de infatigable búsqueda y grandes recursos el elixir mágico y divino para verterlo en el cáliz cristiano, que seguro ya posee y custodia, de la eterna juventud y el ser idolatrado y temido, pues para él no existe ni fin ni plazo.

George Soros, nacido en 1930 tiene 89 años y no puede tener una mentalidad tan perversa para hacer comprender y amenazar a supuestos títeres, como al actual presidente del gobierno español Pedro Sánchez, de que por el bien de la humanidad debe obedecer las directrices del nuevo orden mundial, cumpliendo a rajatabla lo que otros sin rechistar han hecho ya, es decir secuestrando y manipulando nuestras libertades con el objetivo de sostener la Tierra sin tanto parásito, analfabetismo ordinario, creciente e insatisfecho siempre y una clase social aburguesada, que bien podría impedir con sus licencias profesionales y emociones una drástica situación de eliminación como imprescindible se antoje, la misma que él vivió probablemente cuando todavía húngaro y llamándose realmente György Schwartz, primero escapó del holocausto nazi, para más tarde y después de la opresión soviética a sus 16 años de edad y gracias a un congreso de esperanto celebrado en Suiza dar un arriesgado salto, que le sirvió para huir con sus progenitores residentes en Budapest a Gran Bretaña en donde estudiaría filosofía, para después trasladarse a Nueva York y comenzar su carrera de corretaje e inversiones, situándole en la actualidad como uno de los hombres más ricos, al que se le reconocen cifras cercanas entre inmuebles y carteras de solvencia efectiva por más de diez mil millones de dólares, que bien ha sabido administrar como buen judío inteligente de origen fue, aunque acérrimo magiar de tradiciones como la de no fiarse de su sombra, aprendiendo de su letrado padre una máxima incontestable, que no hay nada más seguro que no deber dinero a nadie para padecer presiones, y sí que te lo adeuden a plazo y con interés fijado.

Con dos esposas fallecidas y cinco hijos, hace 7 años se casa con la talentosa empresaria farmacéutica Tamiko Bolton, de cuarenta y ocho años, ascendencia japonesa y 41 menos que George Soros. El filántropo multimillonario, magnate temido y sin enemigos declarados así como respetado en las altas esferas, a su edad podría ir camino del finiquito terrenal y esperar en el túnel del tiempo volver a reencarnarse para seguir saciándose cuál vampiro honorifico en seguir acaparando voluntades y secretos, jugar a la geopolítica del ping-pong y poner a la población mundial en el punto de mira de sus francotiradores, que tampoco nunca sabrán de sus peligrosas o bien intencionadas acciones.

Dicen de él que es la personificación del demonio, el representante de los extraterrestres, el garante de la paz y el instigador necesario para que el Covid-19 aparezca y desaparezca cuando su decisión sea aprobada y aplaudida en esa junta de “altruistas”, que unos apuestan corresponde a la cofradía Illuminati, otros se decantan por el Club Bilderberg o los más habituales a ver conspiraciones dirían que organiza con sagacidad la recién restaurada, rancia y reaccionaria santa inquisición de tintes actuales masónicos a su modelo de ser, semejanza y sello escarlata de fábrica. Lo cierto es que Soros es el hombre de oro, fuego y de látigo invisible que puede hacer estallar un conflicto nuclear, exterminar una raza, prender fuego a distancia en el Amazonas o secar los polos norte y sur que nos nivelan, y que con corona o sin ella, cuando habla los demás enmudecen, cuando mira fijamente a quienes tiene delante tiemblan, de la misma forma que hunde bancos y barcos de guerra con simplemente trasmitir instrucciones.

No tan malo debe ser Mr. Soros cuando todavía mal respiramos a estas alturas de la pandemia premiada en una rifa mundial a través de ese bozal que nos han impuesto, que impide manifestarnos abiertamente y hacernos oír con claridad, hasta el día que se le ocurra sacar al mago de la manga un porrillo seriado de inevitables vacunas y llevarse consigo, antes de irse al otro mundo, una importante compañía de inocentes “rehenes” seguidores a los que atemorizar en el averno de vez en cuando, para no perder la costumbre de seguir con ese rictus que tanto le caracteriza cuando deja bien patente al “empleaducho” de turno al que cantarle una canción de cuna o un mal chiste, quiénes son los que mueven los hilos y licencia para todo lo inimaginable que pudiera pasar.


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