Mentir en el futuro será inaceptable, pues la telefonía móvil lo impedirá

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La necesidad de una nueva telefonia sin hilos y limitaciones, a no ser que se incumplan las reglas por negar las verdades, incluso las televisivas

Nunca sabremos si los animales de las faunas inexistentes ya en cualquier continente del mundo, mentían o intentaban aclararse  o confundirse con sus rugidos cuando se comunicaban entre ellos, lo cierto es que los humanos si lo hacían en un % demasiado elevado de su corta e hipotecada vida, el suficiente como para recurrir a estar pegado al móvil como pretexto y así no descubrir guiños relevantes en sus ojos, ya fuese con un “guasapp” personalmente privado o grupal, en donde reinasen las tonterías, el “meme” y el “zasca”, ¿ el que vas a hacer mañana ? y el ¿ cómo te va ?, lo cuál no quiere decir que se usase como un medio de utilidad para una urgente necesidad o para anunciarle a la familia o a los amigos, incluso al coordinador jefe si así era la condición del receptor, una noticia de sorprendente paternidad, felicitación, el recuerdo de una efemérides, cualquier cosa, incluso un mensaje de celos por amor. Nos referimos entonces a suponer que ese % tan escaso de incontinencia verbal por una dudosa verdad transmitida pertenecía a lo que decíamos, sin faltar al respeto y con toda claridad, dentro de una acción de apabullante embuste sin darle excesiva importancia a la genialidad sucinta y estrecha casi sin maldad, que no hace falta decirlo, es lo que nos obliga a censurar en este comentario que algunos podrán considerarlo ridículo, pero que en el fondo únicamente trata de sugerir que ya va siendo hora de fortalecer lazos más directos y personales cara a cara (uy, uy lo que me puede ocurrir), sin la participación del aparato que lo hemos hecho imprescindible incluso para ir con el módulo sin antena visible al lavabo, en el que muchos podrían agarrar un constipado por el mucho riesgo que se acumula al sentarse en la taza del water con el trasero corpóreo del ano al aire y en horario desacostumbrado.

Estamos convencidos que ésto de la telefonía móvil no ha hecho más que comenzar tecnológicamente, y que dentro de poco veremos a nuestras mascotas con un transmisor con teclado decorativo adherido al sensible collar, con el que podrán trasladar a sus amos y con la traducción simultánea adecuada, las solicitudes de zamparse cualquier otro bol que contenga pienso y otras delicadezas gastrónomicas para un can exigente, o que ha llegado la hora de dar un paseo o jugar con la pesada pelotita de goma, esa que a nosotros nos suele hacer daño en los pies cuando conscientemente con ellas nos golpean a sabiendas que te puede lastimar, y ellos pasan cuando quieren de ella una vez cumplida su misión para seguidamente ponerse a ladrar.

Y ni que decir tiene de los bebés que suelen mentir más que un pitoniso con ADN en el ABC, cuando les haces sonar el sonajero, te miran, se ríen, y en el fondo, si tuviesen un móvil agarrado a sus manitas, te dirían más de una vez ¡ de qué vas, colega, ¡ a qué juegas ! o cambiame ya de pañales, y a continuación te aplastarían la pastilla de dibujitos animados hoy llamados emoticonos, en tu cara rebosante de felicidad, cuando estás próximo a ser víctima propiciatoria de sus babas causadas por un exceso nutricional de “potitos bledine”, que no te las pueden hacer llegar con la contundencia pensada con calenturienta habilidad, para que de una vez por todas les dejemos pensativos, tan ricamente durmiendo en su cuna y en paz, soñando con darte el primer bofetón infantil con un concierto en “do mayor”,  a las dos de la madrugada del que más de un vecino se acordará.

Lo más inverosímil será cuando llegue el día y pensemos que el telefonito de marras debe tener otra utilidad más limpia y servicial, cuando se transforme en un aspirador rodante y parlanchin, con música aleatoria asimilada a nuestra personalidad y obtenida del you tube 11.0, que vaya de un lado a otro, sacando el polvo del suelo y de los muebles,  que almacenará en un recipiente especial para suicidio de alérgicos, cobijándose a traición y sin hacerse ver bajo el sofá, jugando con nosotros al escondite y haciéndonos sufrir, esperado que una llamada fortuita de un teleoperador de los cien mil que hay, le haga salir enojado de la guarida para carcajearse de nosotros mientras atendemos al interlocutor, dejando que nos cuente mentiras la voz mecánica sobre un seguro, el sorteo del bonofono y de que hay que renovar el carné de movilidad urbano dependiente de categoría B ( de burgués ), pero que antes hay que cargar el vehículo semi biciespacial de dos plazas de electricidad mezclada con neutro-líquidos simbólicos “cepsa-endesa”, ya que de lo contrario no llegaremos a ningún lugar.

Y algunos recordaremos si llegamos a los ciento y muchos de años de vida borrascosa, poco ejemplar y aburrida por saciarnos de cultura primitiva, de aquellos mastodónticos aparatos enchufados por un cable a la pared, depositados en una mesita, la del uso exclusivo del teléfono gris, granate, azul o verde, que servían para exclamar ¡ dígame ! y nos hacían palpitar de emoción contenida, dándonos ocasión de maravillarnos con el descubrimiento de impulsos eléctricos para transmitir señales acústicas de un tal Antonio Meucci, que no Graham Bell, que se apropió del dispositivo antes para patentar el invento con mucho descaro, el muy inglés hijo de la Gran Bretaña. 

Tampoco descartaremos a mediados del siglo actual como nos van a proponer / obligarnos a abrirnos la frente para instalarnos en el lóbulo frontal un microchip G44, que elegiremos previamente de un catálogo virtual, proveniente de una de esas compañías de telefonía que tanto incordian para cambiar el contrato y así participar en el sorteo de pasar un fin de semana en el módulo lunar con spa de lluvia de estrellas y acceso a visionar en 5 dimensiones “Zaratustra” en versión original , además de conservar el mismo número alfa numérico que se coordinará en modo REM telepático superdigital con ese trocito de “coltan inteligente” producido en el Congo, implantado mundialmente a modo de código de barras en la muñeca derecha bajo la piel, en el que consta nuestra identidad e historial de biorritmos laborales, ascensos y penalizaciones, infracciones sociales y pensamientos no privativos para nuestra seguridad, no siendo compatible con el de la izquierda que es el reservado para abonar todo tipo de consumos por crédito de débito en toda la galaxia internacional e insustancialmente comercial.

Perdón, tengo que silenciar y colgar inmediatamente el servicio de decir cuatro tonterías a través de las viejas y permitidas ondas en el “ juego de vamos a contar mentiras ”, pues me acaban de anunciar vía certificado mental que estoy a punto de cometer un delito por el que me pueden condenar a no seguir viendo por televisión el canal de TV3 Intergaláctica, el capítulo 21,254 y los trescientos sesenta y cinco sucesivos de “ la independencia está más allá de la guerra de las galaxias ”.. y eso si es una contrariedad que de manera tan errónea no se puede tolerar ni asumir.. y mucho menos criticar en este nuevo mundo colonizado sin mascotas, bebés y muchos peones semi-humanos castrados por los robots.


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