Entre terremotos en el Caribe, pasados, presentes y futuros que no se han superado y los que amenazan de otra manera.

6 OCTUBRE 2018 TERREMOTO EN EL CARIBE

Comparte este artículo

 

El 12 de Enero de 2010 un terremoto de magnitud 7.0 a 15 km de Puerto Príncipe en Haití terminó con la vida de unas trescientas mil personas, dejando a cerca de dos millones sin hogar y unas infraestructuras públicas destruidas, que todavía a día de hoy no han sido restituidas, ya sea por ineptitud y desidia de Naciones Unidas o por la corrupción que existe en cualquier estamento de mando autóctono despreocupado por paliar cualquier aspecto denominado básico de una población cada vez más afligida, lo que ha convertido al país en un ejemplo de pobreza excesiva sin solucionar absolutamente nada a una escala mayor de lo admisible, salvo formar a quince mil policías y “armar” un ilegal ejército de veinticinco mil soldados, en un siglo en el que los científicos y filósofos más optimistas pronosticaban que el hambre dejaría de ser un problema para el ser humano gracias a los poderosos, fertilizantes y nutrientes transgénicos, las nuevas tecnologías de siembra y recolección, así como al sentimiento más humanizado y altruista de la cooperación internacional, que después de una muestra de dolor se sigue frotando lavando las manos.

Después de lo manifestado en el renglón anterior, hoy sigue siendo un alarmante estado de sitio y urgente resolución que la necesidad obliga a reparar cuanto antes en Haití, que se agrava y puede adivinarse la infeliz carencia de lo mínimo con tan solo mirar a una de las criaturas famélicas y desnutridas que juegan desnudas y descalzas en calles rebosantes todavía de escombros, sin que nadie evite que el experimento del olvido justifique que hombres y mujeres con los ojos en blanco y la mirada perdida, con el machete en mano y un bulto de ropa atraviesen las fronteras entre Haití y la República Dominicana, sobornando al aduanero con cuatrocientos pesos la entrada al paraíso, a fin de arañar cualquier trabajo agrícola, doméstico o relacionado con la limpieza, la construcción o el pillaje si no hay más remedio que llevarse un mendrugo pan al estómago, la mayoría de las veces por un indecoroso sueldo que recompensará una ”esclavitud” consentida, amparada por la ambición desmesurada de unos empresarios de todas las nacionalidades, que mirando a otro lado han contribuido a crear nichos de hacinamiento junto a los grandes establecimientos turísticos que regentan con mentes poco escrupulosas y excesivamente ambiciosas por aumentar la cuenta de resultados, teniendo como frente de recaudación a casi diez millones de visitantes ocasionales que disfrutan de unas playas de aguas cristalinas y arenas blancas repletas de tumbonas para pieles sensibles y corazones fríos y desangelados, a los que no les importa nada el lamento que subyace fuera de los límites de los suntuosos recintos.

Hoy Haití a 6 de Octubre de 2018 ha vuelto a temblar llegando a los 5.9 Richter, con el efecto nocturno al noroeste de Port de Paix, llegando a alarmar con coletazos de réplica en Santo Domingo, Santiago de los Caballeros y otras provincias del territorio dominicano, contabilizándose pérdidas materiales que cuando no se tienen nada dejan de ser importantes, en el epicentro de la nueva tragedia con quince fallecidos que podrían ir en aumento cuando concluya el recuento, que a las autoridades locales han dejado de impresionarles por haberse transformado en “cíborgs” sin respuesta ni inteligencia de ningún grado.

Designios y estrecheces del fatídico destino que juega con un cartón de lotería que no premia jamás a nadie, ese mismo día 12 de Enero de 2010 que originó una de las mayores desgracias sísmicas en el Caribe, Chavez anunciaba cortes de luz de cuatro horas cada dos días en Caracas y la Generalitat de Catalunya (España) aportaba 4,5 millones de euros al centro Thyssen que se proyectaba construir como museo en Sant Feliu de Guíxols, mientras la noche del 6 de Octubre de 2018 aparte del resultado millonario de la “bonoloto” y su premio gordo, un suceso que nada tendrá que ver con lo dicho hasta ahora, y que en definitiva puede ser lo más importante de la efemérides del día en que tremoló la tierra a más de 7.000 kilómetros de distancia, refiriéndonos a la muerte de Montserrat Caballé a los 85 años de edad, una diva que encandiló los escenarios operísticos y que con su portentoso canto, sin duda hubiese contribuido, de haber tenido ocasión de pedírselo, a levantar su grandiosa voz como una llamada de atención a quienes nada hacen por la equidad laboral, la exigencia de alimentar y que libra de secar los cerebros, la salud y el bienestar social en una isla del Caribe, que poco a poco se marchita de un bello colorido natural por el del grisáceo hormigón, que embrutece la tristeza de sus casi 23 millones de habitantes, entre dominicanos, haitianos, venezolanos y grandes núcleos de residentes, éstos últimos que dan vitalidad económica por su poder adquisitivo de generoso gasto, pero que no podrán garantizar una tranquilidad por la falta de interés de prever las reales consecuencias de los disturbios que pudieran avecinarse a corto plazo, de mayores proporciones que los que han padecido los afectados por los terremotos pasados y por los que están a punto de experimentarse, quizás más allá de lo que se espera y no se tiene capacidad de controlar, tanto en un plano sismográfico como político.


Y mientras el terremoto de 5.9 sucedía y las réplicas posteriores atemorizaban, un joven dominicano de nombre Yoel mataba a cuchilladas a un niño haitiano llamado Alberto Yophef de 4 años en Barahona, dando a la policía razones de que escuchaba voces en su interior para que lo hiciera, y una adolescente de 17 años conocida por Ángelica se suicidaba en el Barrio Pekín de Santo Domingo, privándose de su vida con una sábana, desconociendo los motivos que le impulsaron a cometer tal suceso. El destino puede ser excesivamente cruel y la desgracia puede estar en las entrañas de la tierra, en cualquier esquina o en el interior de una vivienda en la que se respiraba tranquilidad y confianza.


Comparte este artículo

Comentarios

Be the first to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo no será publicada.


*