Todo es mucho y nada sigue siendo todo eso, “nada” que es demasiado y llega a la orilla si puedes para pensar en algo.

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Reuniones a tutiplén de dirigentes de alto nivel en el mundo para hablar mucho sobre la sombría y destartalada Tierra, y hacer menos por la misma que no sea por la propia inercia, incapacidad o el desinterés permanente, que será lo de siempre y fácil de justificar, siguiendo un protocolo con diferencias pero con la misma opinión, algunas reprochables que se solucionarán por decreto de quienes en realidad mandan y pagan la fiesta, no sin antes conocer previamente el discurso de la lealtad que se exige de los intervinientes, después de haber aprendido que hay que seguir la tareas del “genocidio volcánico” para así conservar la corriente de lava de una humanidad que dejó de ser esclava para vivir en libertad, no por mucho tiempo, so pena de caer el vocero que transmite la intranquilidad y el miedo a destiempo y en cualquier momento por abandono de la obligatoriedad, ya sea en las urnas, por enfermedad o por un desgraciado accidente que no se ha podido evitar.

Se repite a la sazón lo de la vulnerabilidad, la sostenibilidad por cualquier tema con el marchamo de inocuo, como podría ser el descarrilamiento de un tren por no tener vías en su recorrido, o por el naufragio de una patera de migrantes para darle énfasis a la tragicomedia después de haber cobrado el patrón el bono de servicio como rescatador oficial, no haciendo falta que llegasen a buen puerto unos cuantos muertos de hambre hoy, que seguro serán sustituidos por algunos más para hacer lo propio, sobrevivir y ser el recambio selectivo de una reencarnación programada, adoptando el rol contributivo en las personas que tardan en envejecer, de una Europa que no termina de enterrarse ni por el Covid-19 ni por la llegada tardía de la muerte y, mucho menos por la ingesta cada vez más acusada del alcohol y no precisamente el de quemar.

Y mientras que todos quienes se deberían entregar a subsanar la no emisión de CO2, prestos se dedican a viajar en sus aviones contaminantes, pero eso sí no hay que olvidarlo son rápidos, seguros y puntuales, toda vez que también sirven para presumir de liderazgo para llegar a las cumbres del G20 y el Cambio Climático, trasladándose después en vehículos poco eléctricos, algunos como el tanque Hummer de “Schwarzenegger” cuando recibió a la activista mediambiental Greta Thunberg.

Todo lo que hacen estos “desinteresados” mandatarios del sistema es aberrante y bien podrían ser reemplazados por maestros avezados, científicos cualificados, ascetas que se conforman con menos y que impartan cultura y ejemplo, pero jamás el miedo. Y si tanto respeto tienen por el mundo para que deje de ser de plástico podrían ahorrar y mucho entrevistándose por el Zoom, el SKype o por cualquier otro de los avanzados sistemas implantados para comunicarse con voz e imagen desde cualquier punto del planeta y así de paso incluir en sus llamadas a la estabilidad las razones que motivan el encarecimiento de los productos básicos y su transporte, pues ese sí es otro fiasco “bien” elaborado para seguir cavando la fosa de los desafortunados. Naturalmente todo lo que se escriba o se difunda como rechazo a quienes no predican con el ejemplo y siguen con sus costosas aeronaves de forma privada y exclusiva, no es nada ¿verdad señores y señoras? pues su sonrisa de pingüinos amaestrados son suficientes para convencer a los hambrientos que pronto su apetito será colmado.. de bendiciones, claro.

Y en ese trance anteriormente descrito se muestran las caras políticas de la preocupación que aparentemente lo salvarán todo, haciendo intervenir las sonrisas que han sucedido a las lágrimas de las alegrías que disimulan un rictus vampírico, como si ellos los gobernantes de ocasión no fuesen nunca a convertirse en el maduro fruto que terminará por caer, después de dirigir sus miradas circunspectas y compasivas a todos quienes preguntan algo que sin ser ellos oráculos contestan con decisión edulcorada, pretendiendo ser los dioses del Olimpo terrenal que dejo de ser un paraíso, permitiéndoles embadurnar con mentiras putrefactas e impúdicas hasta la saciedad la realidad de lo que acontece, siempre sugerida por un maestro de ceremonias que organiza a los miles de asesores y que hace que suba o baje la adrenalina y el índice de popularidad, para garantizar al vulgo creciente que este impacto dramático de crisis sanitaria va en serio, lo que hará que la depresión se instale sin poder impedir que las capas más ignorantes sigan trayendo proyectos o engendros humanos, que engrosen una población mundial infestada de vulgaridad, ignorancia y desfachatez religiosa, que ese es otro cantar al que los ángeles, tanto del cielo como del infierno, deberían hacerse notar para que las trompetas angelicales del peligro empiecen a sonar, aunque sea por el “youtube”.

Toda civilización tuvo un principio y un final, como la romana que sucumbió de la noche a la mañana después de cambiar el ágil gladio por la larga, incomoda y pesada espada. Todo es parte de un escenario que ayer sirvió para hacer reír y hoy amargamente llorar. Todo es volátil, virtual y efímero como una imagen vectorizada con el síndrome de victoriana o un comentario estridente que dura un breve tiempo, para después desaparecer de la pantalla que pronto nos la incorporarán en la mente, para al día siguiente repetirse nuevamente con otra dimensión o restando la importancia que podía tener.

Las noticias se inventan, reinventan y nunca existieron y los sucesos, inciertos, ciertos, majestuosos y sin fundamento, todos se degradan y carecen de sensibilidad.

Las buenas noticias no venden nada y las malas se justifican para hacernos creer que todos somos culpables, que se sucedan como salen las salchichas de una fabrica a diario, añadiendo esas ventosidades causadas por una diarrea mental y sin responsables, a los que seguir criticando sin postrarnos a su pena o a su gloria, pues hemos sucumbido y asumido que no existen ni con el rigor de la búsqueda en un “internet” concebido para entretenernos, sin explorar más y dejar de pensar en el segundo siguiente, como autómatas que somos y en lo imbéciles que nos hemos convertido, gracias a la magia que hoy aumenta con el 5G que no es poco y, si mucho para dañar y no salvaguardar nuestra integridad personal. Y todo eso que no es poco y tampoco es nada, sucede a cualquier hora, mientras nosotros creemos seguir nadando en la abundancia irreal.


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