Un futuro mundo holográfico para no perderse en la realidad y aceptar la falta de libertad

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Parece que el confinamiento “viral” ha hecho que se desprenda del cerebro una mayor cantidad de proteínas ingeniosas que acompañadas de neuronas inquietas giran alrededor del esférico, flotando con el envío de mensajes virtuales para ser sometidos a investigación y experimentación en los procesos e implementación verídica a través de una nueva era científica basada en la inteligencia artificial, y en lo supranacional que reduce el mercado de convencer a la gran masa mercadológica creada para ser atendida por quienes se dedican a franquiciar la tecnología de los sistemas de última generación, en el que se ha incorporado la proyección de una holografía de carácter presencial sin importar el desplazamiento, la distancia, hora, lugar y el más profundo realismo.

Esas opciones que convoca el futuro pueden subliminar una amenaza a la humanidad, de la misma forma que quienes la dominen con un subdominio de la imagen protegida por la IA (inteligencia artificial), pudiendo hacer que los protagonistas, sin duda populistas del mundo al que pueden segmentar las nuevas generaciones para afianzarse en el poder, instauren un control absoluto a través de la sorpresa, el miedo, el agradecimiento y la sumisión.

La única defensa que puede tener una viabilidad de protección es la educación encaminada a la cultura y a la disciplina de adquirir el último conocimiento puesto en el mercado de futuros como obligado aprendizaje para estar en vanguardia y en guardia, sin menospreciar el interés por el combate, la supervivencia, el saber cómo potabilizar el agua, hallar y cultivar nuevos alimentos, y cualquier otro recurso que facilite un mínimo confort sostenible como mínimo, toda vez que aplicar un examen de respuestas claras por si hay que revalidar el miedo y el coraje.

En la actualidad el mundo pende de un enmarañado hilo elástico, por el que descalzos de utilidad por la falta de servicios, andan dos contingentes de luchadores, los que no tiraron nunca una piedra para espantar a un perro rabioso ni tampoco supieron que para no hacerle daño y menos encabronarle había que subirse a un árbol cercano, amén de los ejércitos profesionales que escasos e integrados en una sociedad de complejos y consumos idénticos a los del pueblo que les sonríe, están adoctrinados para controlar  a las masas que dentro de una subnormalidad mediática se lanzan a la calle a protestar por todo que realmente no tiene ninguna importancia, como la de no ponerle un despertador a un sordo con una bocina que molestará con su sonido a todo un barrio, o no cambiarle el bastón blanco a un invidente porque el color no es rojo, simbolizando la izquierda política de unos cuántos huraños e irreconciliables. 

Hay pocas opciones transgresoras para demostrar que estamos en manos de dirigentes ocasionales que lo único que desean es sacarle partido al cargo de mandatarios, capaces de creer que la inmunidad por sus actos va incluida en su nómina, que no se presupuesta sino que se explota organizando modelos de gobiernos excesivos, gestores de lo que sea y asesores para seguir imponiendo normas que serían incapaces de aplicarse si realmente se sintiesen integrantes de una ciudadanía tan real como la de cualquier hijo de vecino, incluso de aquellos que pintan paredes y no han terminado el bachillerato, porque al parecer eso es arte aplicado sin saber ni tener nociones de urbanidad, matemáticas para resolver el número de sprays necesarios y ortografía para no equivocarse en los testimonios grafiteros escritos para darle atención a las leyendas urbanas que aderezan sus obras.

Cada día nos convencemos que existen países admirables, en donde la democracia es capaz de no admitir que nadie se pase un pelo, como Suiza independiente por excelencia a la que le han arrebatado el sambenito de paraíso fiscal por ser depósito de haberes y colaborador de la justicia cuando lo económico perjudica y es fruto de una corrupción demostrada, a lo que hay que añadir que su gobierno es poco conocido, llamativo y sin ínfulas que generen envidias, el mismo que dignifica su estatus de neutralidad en cualquier escenario o conflicto económico, bélico, político, lo que hace del mismo un atractivo lugar para vivir sin temor a una degradación social y en el que existen búnkers por doquier para toda la población, además de refugios blindados en hospitales, revistiendo su anónimo protagonismo que reduce a un termómetro harto fiable, que ha hecho que ni siquiera haya datos estadísticos que le señalen como receptor del coronavirus y sus “milagrosas” vacunas con precios y efectos de infarto.

Con toda nuestra desafección por la refriega mental en la que no prevalece ansiedad alguna, recomendar no someterse a tanta vulnerabilidad y evitar tomar cita en el frenopático, que pronto volverá a crearse en el borrador de espera de una mente prodigiosa, que desgraciadamente no es la nuestra ni la de quienes intentan sustraernos, especialmente si recorremos solos el extenso lago de arena que yace en nuestro oídos, esperando la ansiada compañía de otros muchos que piensan lo mismo que nosotros, los invisibles solitarios que no callarán lo que suceda en esa puerta del misterio que nos es impuesta.


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