Un poco más de lo mismo es menos.. o simplemente más

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Hoy es martes 23 de junio 2020, llevamos tres días que los teléfonos móviles han dejado en gran medida el tráfico de una letalidad virtual que impide la receptividad de “memes”, producida por esa gran congestión de lava de mensajería volcánica encendida de chascarrillos frescos, calientes y otros que nos traen al pairo, que viajan a la velocidad infinita enganchada a un enchufe y por el milagrero wi-fi, sobre políticos de cualquier signo que sirva para partirte de risa, del coronavirus poco creíble, el covid-19 muy científico como si fuese un juego de vida y muerte, el estado de alarma, el desconfinamiento ( probablemente signifique desconfiar del que miente ), la “desescalada” de un incierto abismo, la absurdez como guinda reflejado en el gusano de una aparente rica manzana, la amenaza de Andromeda vestida de Zara, otrora de Prada, la ventosa que pedorrea más que asusta, la desconfianza ERTE, ese y aquél que se quedará sin empleo para siempre con el consuelo de la “paguita” de la renta mínima asegurada, mientras siga las instrucciones y se ponga la mascarilla.

Y las noticias de los telediarios siguen ahorrando en corresponsales que ya no cuentan lo que ocurre en el mundo, echando mano las televisiones de los becarios para únicamente centrarse en el pegajoso virus, los rebrotes, las comparaciones odiosas de ir todos juntitos en el “ave”, el metro subterráneo y estar muy separados en cines y teatros, mientras las compañías aéreas intentan alzar el vuelo antes que se les envejezcan las alas y los motores, retrasando la quiebra sectorial que limpiará de el cielo de residuos de nafta.

Y no se dejan de producir ataques a la brutalidad policial cuando un servidor asesino con placa se carga a un moreno, y todos hincan la rodilla olvidando hacerlo cuando otros zombis de similar color, raza y condición del sistema, se cargan con una semi-automática en un centro comercial a más de veinte en un momento, demostrándose una vez más que las hordas sociales están más pendientes de las concentraciones reivindicativas, festivas donde las haya, ya sea con el arco iris en una pancarta o portando una capucha blanca y una antorcha, para iluminar que empieza la función y los payasos están listos para prenderle fuego al que todavía consideran un esclavo, con derecho a voto y a asaltar una tienda de electrodomésticos, al igual que lo hacen los blancos, negros y migrantes sudamericanos aspirantes a corsarios de barrios de exclusión y sin rascacielos.

Como lo dice el escritor Eckhart Tolle, no se trata de callar tu mente o deshacer tus preocupaciones, se trata de observar tus emociones y pensamientos, en un mero ejercicio de contemplación y de presencia.

En cuanto a Bill Gates, Soros, la familia Rothschild, el Trump y el trampero que quiere desbancar a todos, empezando por republicanos y demócratas, hasta llegar a dominar a Maduro el venezolano con un bozal de campaña, y ponerle a disposición del Iglesias español un laúd que pueda dar ritmo a los angustiados de la clase media aburguesada, entre los que no se encuentran los de su estirpe, pues la poltrona del sueldo fijo la gozará mientras viva, de vez en cuando la vicepresidencia en alternancia cuando así lo requiera la bisagra, añadiendo las extras por comisiones de investigación a quien se le ocurra, son simplemente un ejemplo de que la incoherencia no tiene fronteras.

En definitiva todo corresponde a una conspiración judeo-masónico-acrata-okupa-comunista y son datos que siguen torpedeando las “gibas” y menoscaban nuestra paciencia, al comprobar que se habla mucho y se hace menos de lo que cabía esperar, cuando lo fácil en contravenir el orden “pre-establecido” presentando denuncias en todos los Juzgados, Tribunales Internacionales de ser necesario más allá de la Tierra, de esos conspiradores sin límites que conforman la cuadrilla de los once, que ya son doctores en finanzas furtivas y no les hace falta alguna tener un máster en manipulación global, pues con dar sustos de vez en cuando ya les alegra el día y no digamos el fin de semana, cuando se envalentonan decidiendo que componente controlador van a inocular en esa vacuna que nos someterá a una de las peores torturas, la perdida de criterio, identidad y lo peor de todo, la libertad para seguir hablando y escribiendo tal el ejemplo de estas bagatelas narradas en un blog solitario e invisible, que aboga por dejar las heridas abiertas hasta que la Justicia popular no las cicatrice con la poca honestidad que nos queda, luego hay que persistir con energía y la sapiencia acumulada en los dos extremos de la balanza del equilibrio, que no supondrá peligro alguno para pensar en lo más adecuado o cualquier sentido o circunstancia por muy aparatosa que se preste a serlo.

“Aunque el cuerpo es muy inteligente, no puede distinguir la diferencia entre una situación real y un pensamiento. Reacciona a todo pensamiento como si fuera una realidad. No sabe que solo es un pensamiento. Para el cuerpo, un pensamiento que da miedo, significa «estoy en peligro», y responde de acuerdo con eso aunque estés tumbado en una cama caliente y cómoda por la noche. El corazón late más deprisa, los músculos se contraen, la respiración se acelera. Hay una acumulación de energía, pero como el peligro es solo una ficción mental, la energía no tiene salida. Una parte realimenta a la mente y genera aún más pensamientos de ansiedad. El resto de la energía se vuelve tóxica e interfiere en el funcionamiento armonioso del cuerpo”. Eckhart Toll


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