Una “matriz” en el comportamiento o un “matrix” en el cerebro

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El “parto” de los burros con dos patas, que es el proyecto venidero, alimentado por el miedo

Dentro de un invisible confesionario, en ocasiones nos sorprendemos a nosotros mismos cuando insistimos, persistimos y nos dedicamos a extrapolar algunos sentimientos y pensamientos que con predicado verbal intentamos hacer llegar a nuestros lectores, y no sin cierta preocupación que pudiera habilitar la idea de serles útiles en las reflexiones que hacemos.

Existen dos mundos, uno la banca siempre antagónica y a la vez de imposición necesaria para el desarrollo de un sistema occidental basado en el capitalismo caníbal, sometida y creada como vía de desarrollo y control de cualquier negocio, modesto, incluso de menudeo corriente al que por ventanilla o cajero automático y con tarjeta de crédito, hay que buscar el cambio de un billete superior a lo que cuesta el producto, o en su defecto el segundo universo, tan inhumano como el de provocar enfermedades para que una industria farmacéutica elija a sus competidores por ser ellos parte de una logia accionarial mundial y despiadada, así como el tráfico de armas, la trata de blancas y negras y su capítulo derivado a la prostitución, la falsificación de la moneda y la de potenciar campañas políticas de verdaderos buitres para respaldar lo que se hace de puertas para afuera, encubriendo con un estigma de legalidad la figura endiablada de los oportunistas sin escrúpulos.

Todos esos planes de inmersión necesaria en la sociedad de consumo y sus inteligentes organizadores para que nadie se salga de la granja de animales, que algunos podrían resultar peligrosos, sin duda nos venden a todos como elementos de un clientelismo vulgar y global, en el que hay que incluir a los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, utilizados últimamente para reprimir actos de libertad que otrora no nos eran negados, sin menospreciar a los feligreses de culto a conveniencia por redimir sus pecados o aquellos que esperan parte del diezmo de sus negocios, bajo la sotana de la impunidad más inconfesable, desterrando a aquellos que por convicciones religiosas benefactoras son considerados carnaza a hacinar entre los más desheredados de la Tierra.

Encontrar una respuesta al ¿por qué? en todo este “matrix” falto de coherencia y de inverosímil similitud con el 1984 de Orwell, o en equidistancia con el mundo feliz de Huxley, nos hace albergar una sospecha: quienes nos dirigen se aburren, pulsando el botón de las respuestas a las reacciones previstas de desacato social con una nueva y lenta descarga eléctrica que conllevan más prohibiciones y obligaciones, dejando que los derechos humanos se pudran en la triste y cada vez más oculta caja de Pandora.


Se desestima cualquier otro razonamiento para recuperar la dignidad como ser que piensa por si mismo, sin tapar todo lo que insaciablemente consiguen en base a tener a la humanidad sumergida con sus ojos abiertos a la pantalla de un celular o teléfono móvil para, si de verdad alguien tiene algún interés, comprobar que cada día se es más estúpido, ignorante y tonto, sin prestar atención a otros temas que podrían ser motivo de discusión, como por ejemplo cuanto paga un progenitor por vivir, que es mucho y la hipoteca de su existencia va envuelta en una piel de erizo.

Estamos en el espeluznante rito del que no se sienta primero para ver pasar las oportunidades sin rechistar, pierde su silla mientras observa y sin descarado atrevimiento como desfilan por su mente cabalgatas de reyes magos repartiendo caramelos con ese dopaje genético y mediático imprescindible ya para saber que estamos vivos, muertos o estamos soñando, mientras al “venerado” Covid-19 con patente de corso se le pide que la próxima cepa no sea tan virulenta, letal o menos agresiva para no impedir que te reúnas con tu familia o como jóvenes inquietos, que cada vez menos lo son, pero si con rayas de una despreeocupación, huraña conducta, nerviosa actitud y molesta imposición, puedan celebrar entre amigos y futuros conocidos sus concentraciones multitudinarias ahora clasificadas como “botellones”.

Mientras lo que redactamos queda escrito, esperando que los investigadores de las nuevas tumbas del futuro contemplen en ellos la dimensión desconocida, que nos abocó a una lenta extinción de las estructuras sociales, nosotros seguiremos discurriendo lo que ya ha dejado de ser una reunión del rebaño por transformarse en una locura colectiva, y lo haremos en próximos capítulos, sin duda alguna. Los nuevos robots IA (Inteligencia Artificial) podrán en el año 2050 aspirar a los premios Nobel.


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