Una reflexión del momento, caracterizado por la incredulidad permanente

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No te equivoques, tú no mandas ni ordenas tu vida, no sean lelo y tan sordo mutilado altruista que te aconsejes a ti mismo darle una oportunidad a lo que te queda de existencia sin haber sido nunca un aficionado a la alquimia.. Tú no eres nadie, mientras el poder general, familiar o laboral te oprima, eres insignificante y tan prescindible que únicamente para poder comprobarlo lo dicho necesitas ver que tu documento nacional de identidad, pasaporte, conducir con un tráfico nada fácil y repleto de temores, al que habrá que añadir certificado de no penales, nacimiento y examen médico está vigente, en activo y por tiempo que fija una caducidad que deberá pasar por caja, sintiendo que al paso de los años nunca verás el de fallecimiento. Así es nuestra vida compañero. No te aflijas, no vas a vivir siempre y mucho menos vas a nadar en la abundancia de la paciencia y del tesoro que acumules.

La inercia tiende a ser flexible y compartida cuando perdura el sentimiento de amor, amistad y añoranza, mientras que en contra se va apoderando la anarquía de una ignorancia superlativa y casi perfecta para no degradar su potente importancia, más lasciva y supuestamente ingeniosa, aunque poco crédula, cuando un memo senil, casposo y rencoroso te dice que debes confiar en él y en los derechos y libertades dentro de un progresismo en duda, máxime cuando no te habla de obligaciones, pues es un ejemplo de que los políticos nos siguen tomando la cabellera como lo hacían los indios “apaches” en páramos y desiertos inmensos que no eran de nadie, y mucho menos del blanco exterminador de una cultura y de un pensamiento extraño. Y es qué el poblado con “tipis”, que ahora son las grandes ciudades, pueblos reducidos al olvido, colectivos insatisfechos y padres de familia, a los que se les sigue ninguneando con deberes fiscales para respirar mejor que el mendigo, siendo el más renombrado que siempre será el hipotecario, les siguen tomando el pelo los de siempre, que son invisibles y anónimos, mientras siguen tirando de los hilos para hacernos mover con nerviosismo de un lado a otro, para enloquecer o seguir esgrimiendo el certificado de buena conducta obligatorio para no aparecer peligroso.

Y es qué no hay mejor compañero de alcoba que uno mismo, así evitarás que te graben tus sueños de forma virtual para mezclarnos y tratarnos como “influencer” absurdos, mientras hablas cuando duermes o te pillan abriendo la caja fuerte de tu mente, mientras te califican de transgresor por hacer extensible que es mejor conservar la imaginación que pulirte los dientes con un ajo y un mondadientes, mientras el odontólogo se frota las manos para seguir viviendo de la abundancia que se centra en una falta de higiene dental irrespetuosa que deberían aplicarse quienes intentan domesticarnos como fieras que no somos, aunque sin descartar que lo seamos como esclavos. Lo más aconsejable, seguir dormitando y esperar que se despierte el que con nosotros insiste en seguir jugando.


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