Y en eso llegó el “coronavirus”.. una venganza para unos y un acicate de remedio momentáneo para otros

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Vive la humanidad un síndrome de admitido y fraudulento secuestro de sus libertades, ya no solo en cuanto al confinamiento “ad hoc” en mayor o menor medida de su voluntad doblegada a los intereses y obligaciones de los verdaderos amos de este mundo o de otros, que desde las alturas mandan o sugieren ordenando en su total o parcial contradicha “globalidad a secas y con reservas”, estrechar el círculo cuál tenaza de acero oprime cada día más y más para experimentar hasta que grado de consentimiento o rechazo puede llegar a alcanzarse por parte de una población alterada, aturdida y sedada, que no sabe bien lo que sucede cuando la gran “plandemia” se ceba con el científico nombre de “covid-19”, convirtiendo el miedo en cobardía y su penuria en lo que ya podría definirse como una anomalía habitual camino de normalizarse, con el distintivo de llevar por siempre una mascarilla que oculte cualquier conato de horrible incredulidad, que en cualquier caso se prestará a intuir que todavía sonreímos o que nos mordemos los labios de impotencia.

Una recesión económica, que se anunció en 2018 antes de la triunfal llegada del “coronavirus” y de sorpresa “metafísica” a finales de 2019, podría llegar a un desajuste de las actuales estructuras insuperables ya dañadas, para llegar en su dimensión más profunda a convertirlas en ruinas y en el gran fiasco producido por la desbandadas migratorias, la superpoblación, el envejecimiento de la población, el cambio climático y el desorden de una filosofía que aboga por pensar antes que en actuar, además de la creencia del todo se solucionará compartida por todos quienes creer que saben más nadie, que la situación “espeluznante” del aumento del empobrecimiento por una deuda que tiene acreedores afectados y el deterioro de su fuerza dominadora, de hecho sería insostenible a medio plazo, dramática, perturbadora, y puesta en duda de salir del atolladero cuando un gran bocado de la riqueza se difumina en lo social generoso entre gentes necesitadas que jamás conocieron lo que era una declaración de renta y contribución alícuota en la proporcionalidad para el logro del bienestar, acostumbradas a un paso de subsistencia gracias a que quienes reparten el pan, el aceite y la sal lo hacen de un saco roto de yute con un estampillado y un envase a medio llenar en el que puede leerse “consumo para vulnerables”. Unos contenedores cada vez más vacíos, en el que la mayoría de ellos, los donantes elegidos de privilegios cuestionables, no han puesto ni tan siquiera un grano de arroz o quizás sí por vergüenza y dentro de su miserable corrupción una tonelada de arena, haciendo que los impuestos de lo que otrora fueron procedentes de la clase trabajadora acomodada sujeta por las esclavas hipotecas y obligada a los impuestos, no hagan amago de rebelión o protesta, permitiendo que se eleven poco a poco a la chita callando, a cuenta gotas sin que nadie se cuenta, evitando a la parte perjudicada que nadie eche cuentas de sus componendas, permitiendo desde sus poltronas que la ley se desvista de legalidad, cuando se permiten además códigos de actuación obsoletos y leves reprimendas que favorecen más a quienes mutilan el derecho en si mismo, ocupando viviendas, condenando a quienes por propiedad las reclaman si se pasan de la raya, ofendiendo a los demandantes cuando las sentencias se convierten en una comprensión subrogada a un código penal redactado en el prehistórico que merecería ser renovado o guillotinado, cuando criminales drogan, violan, timan, embrutecen, extorsionan, atracan, usurpan, corrompen, maltratan y matan.

Y ahora para adormecer las concentraciones poniendo como excusa que son injustificadas, aparece el virus maléfico que convierte a quienes mueren en estadísticas sin la clasificación de otras patologías, especialmente las cancerígenas y coronarias, aduciendo que la enfermedad es mortal cuando ni siquiera se comparan con las tradicionales, pues a estas alturas cualquier esguince o rotura de clavícula requerirá de un análisis y una inyección para señalar que tener más de 55 años se padece una situación de alto riesgo difícil de controlar.

Y sí, hablamos de España sin “quijote” ni “sancho panza”, en la que cada vez hay más enchufados de vientres agradecidos viviendo de la sopa boba, más políticos y “reyezuelos” autonómicos que en cualquier otra parte del mundo que recorren sus “cortijos” en automóviles blindados, personajes muchos de ellos siniestros pero con mucho tacto para dirigir los convenios, abocados a hacer su “agosto” antes, hoy en todas las estaciones del año, para seguir con altanería y el siguiente cabizbajos, admitir que en la península ibérica ya no quedan “linces” ni espadachines con capa para protegerse del clima o limpiar sus heridas cuando el honor era atacado.

Hoy lo que quedan son “superintendentes” pusilánimes que no entienden nada, que llevan demasiado tiempo en el cargo de representantes votados en las urnas que dan patente de corso a los irresponsables y aprovechados, algunos desde que se inventó el bicarbonato y el “alioli” que no llega a ligar, en el caso de los independentistas, que simplemente reivindican posturas inalcanzables, sin saber hasta cuando lo sean, muy virtuales y exigentes entre costuras y dedales que nunca pondrán al hilo en la aguja.

Y ni que decir tiene de esos supuestos enfermeros de las preocupaciones ajenas, testaferros inoperantes de la tragicomedia de los ciudadanos, más dedicados a lo torticero y en sacar los colores a quienes famélicos y con ansías de más poder pretenden tener ocasión para hablar más alto que el contrario, ese que pertenece a un partido que poco se diferencia en lo programático del aludido con valores ahuyentados, amenazando con comisiones de investigación que sobresueldo tienen de escándalo, que son el hazmerreír cuando todo se concluye en nada o en poco, entre abrazos y copas tras una llamada de teléfono que entonará el “mea culpa” para después en el santo bar de los griales a porrillo que escancian mil sabores distintos, ya convertido en confesionario de un hemiciclo que podría llegar a parecerse a una jaula de grillos, lo que les incita a orinarse de pensamiento y sellar una vez más cualquier acuerdo bastardo, en el que muchas veces el hedor a un “incienso” desconocido necesita de una máscara que tape la cara entera, para no ser reconocidos por la plebe que les puede llamar al orden y al esconderse, pues el “coronavirus” ha sido un sortilegio bienvenido de los hechiceros de arriba y un respiro para tapar ausencias, desempleos bien pagados y borrar la conclusión de que en este país no manda nadie, creyendo muchos menos al mensajero que sin oposición es el mismo que trae noticias a ojo de buen cubero perpetrado en el vuelo de su “falcón”, ni tan siquiera cuando tan alegre y ufano predice, como presidente del tan cacareado gobierno de España, que llega la vacuna que nos pondrá a todos sanos y a cada uno en su sitio.

Aviso a navegantes que comulgan con la sanidad, el exceso causa estragos cuando se evidencia que la máxima dedicación que tienen los entregados políticos por cuidar del “patrimonio” de unos compatriotas es falsa, confabulada en el misterio de los ministerios secretos y manipulada a mandíbula batiente, cuando perfecta cuenta se dan quienes están siendo víctimas de un complot o un experimento mundial, para que la humanidad entre en razón si todavía está a tiempo de hacerlo y penetre voluntariamente en la granja de los sacrificios, sin rechistar, sin aplaudir ya, toda vez que se desconsidera la sagacidad de los que ya están hartos de tanta chusma y basura, que sin ideología alguna se vierte en un pozo repleto de brasas que en cualquier momento puede hacer reventar a las subestimadas cenizas y causar un terremoto difícil de calcular sus consecuencias, pues imaginación falta y tampoco se halla en el poder de los sabios y los presumidos anacoretas la solución a tan tamaña burla del destino que todavía no se atreve a eliminarnos de una vez, haciéndolo poco a poco, sin prisas pero sin pausa.

Acostumbrémonos a vivir con los virus que nos vayan echando, y abramos las puertas de los desafíos laborales para seguir trabajando, ejerciendo el clamor popular frente a los encorsetados de fácil vocabulario que nos tienen maniatados de prescripciones y ordenes que no padecen y las dictan protegidos tras los molinos de vientos que mejor soplan en su dirección para limpiar su camino, pues habrá que seguir ayudando a todo hambriento que llega de fuera o dentro, antes de morir de aburrimiento y de un rencor que va alimentándose con la presión de quienes pronto ya no sabrán responder con pena al llanto.


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