YO NO SOY TU VIOLADOR, SOY LA RESPUESTA A TU ERROR

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El violador eres tú : ¡ El Violador no soy yo !

Ni por ser hombre y mucho menos juez, en el que no os habéis visto representadas ni protegidas de unos animales agresivos, indecentes y malolientes, que a buen seguro deberían estar enjaulados de por vida.

Yo no soy un violador y me siento prejuzgado por ser hombre de honor, que siempre ha respetado a una mujer, y mucho a su madre que le dio la oportunidad de nacer.

El patriarcado es un juez que nos juzga por nacer,

Será por algunos de mala educación y peor praxis profesional, entre los que jamás podré estar yo. No me acuséis de una violencia injustificable que no hay motivo alguno para generalizarla, metiéndonos a todos los hombres en el mismo saco de las presunciones para hallar culpables anónimos y mitigar vuestra preocupación

.. y nuestro castigo es la violencia que no ves.

Si la viese, que la violencia existe, os corresponde a vosotras reclamar justicia y yo os apoyaré, pero no me llaméis por lo que no soy.

El patriarcado es un juez que nos juzga por nacer, y nuestro castigo es la violencia que ya ves.

La veo, no la consiento, y si hace falta la denunciaré como ahora hago para decirles a esos jueces… que deben ampliarse y endurecerse las leyes para marginar a quienes hacen o lo intentan, violar la condición de libertad que vulnera al ser, por ser persona antes que hombre o mujer.

Es feminicidio. Impunidad para mi asesino.

Es falta de voluntad por modificar el código penal y con el ariete de voces argumentadas más que gritos, más allá de los tambores y los colores violetas como estandartes dañados que nunca lo fueron, haciendo que los polític@s dejen de utilizar subterfugios afiliados a la incomprensión de campañas mediáticas elaboradas en otras nubes que ocultan la ambición, obsesionadas para prevalecer y justificar su elección, con la única idea de seguir permaneciendo en un poder, apoyándose en interjección mediadora bonificada de asociaciones feministas, que dista mucho de ser el necesario y ejemplar útil de trabajo para impartir la justicia real y absoluta, que se reclama desde cualquier estamento que vaya en contra de un estado de derecho sin ambigüedad, tanto para el hombre como para la mujer. Faltaría Más.

Yo no soy tu violador, tu violador se esconde en el silencio alojado en el subterráneo de su indecorosa mente, en un aula, un despacho, en una sala que debe impartir confianza, cuando dispone de la mejor herramienta para evitar tu humillación que sin duda es la Ley, que garantice tu seguridad, frente a la incultura, al miedo, al rechazo y la ordinariez por no cultivarla desde el principio de unas enseñanzas, que deberían servir para igualar tanto al género femenino como al masculino, que no deben iniciar una contienda de diferenciaciones, porque en mi caso no existen para poderlas discutir, pues tu siempre tendrás razón y yo te la ofreceré sin necesidad de dudar que la tienes cuando la mía no se ponga en cuestión. Yo no soy tu asesino, tu violador ni cometo “feminicidio imaginativo”, ni siquiera un aprendiz de todo eso, ni te digo que estás en lucha conmigo.

Es la desaparición. Es la violación.

La desaparición. Yo no soy tu secuestrador, díselo a quien lo haya hecho o pretenda hacerlo y reclama compensación, en las puertas de un juzgado o frente a las ventanas enrejadas de una institución penal, que las hay y de cuatro estrellas para los privilegiados y corruptos.

La violación existe y habrá que hacer algo más más para evitar que yo, desde mi simple visión entienda que a mi no se me puede sentenciar creyendo que soy un delincuente en potencia, que no merezco escuchar la letra de una canción que me incrimina, y que a mi madre la haría sonrojar. Yo no soy un criminal y no me incluyas en tu rosario de represalias, con tus ojos ocultos por una venda o una máscara de “vendetta”. Pídeme que esté contigo por la misma igualdad que me obliga a que nada te pase, pidiendo al estado que nos proteja de tantos insatisfechos enfermizos entre los que jamas me encontrarás, salvo para defenderte si la coincidencia se diese en lugar, circunstancia y ocasión.

Y la culpa no era mía, ni dónde estaba ni cómo vestía.
Y la culpa no era mía, ni dónde estaba ni cómo vestía.
Y la culpa no era mía, ni dónde estaba ni cómo vestía.
Y la culpa no era mía, ni dónde estaba ni cómo vestía.

Yo tampoco tengo la culpa, y puedes ir vestida como desees, incluso como Eva y yo Adán, que algo y mucho nos distinguirá, salvo la idea de que pretendemos el mismo respeto que nos merecemos y que juntos podemos aplaudir pero nunca exigirnos ya que el calificativo de obligación es reconocido por quienes sostenemos un comportamiento digno, descartando una presión inmerecida, pues mi educación me impedirá seguir coreando una canción de feminidad sin el espíritu de una fiel masculinidad.

El violador eras tú. El violador eres tú.

Yo y para los que pensáis, al igual que muchos hombres y mujeres, el violador es otro al que hay que castigar, evitando un enfrentamiento entre quienes pensamos que el único camino que nos espera es llegar a que el imperio de la Ley sea el antídoto de una acción despiadada y cruel contra la mujer, y por ende contra el hombre que defiende una cruzada contra ese confundido macho alfa, opresor e ignorante que sigue poseyendo la llave del candado, que sigue cerrando los labios sellados de muchas mujeres, que en vez de celebrar una fiesta anual deberían utilizar la fuerza de la desesperación y la impotencia todos los días y en las puertas de un Juzgado, para denunciar casos y en muchos la prevaricación de algunos magistrados cavernícolas, que participan del mismo aquelarre que justifican la connivencia del delito de un encausado ridículo en sus excusas, utilizando la misma venda, aunque transparente, que vosotras os ponéis para no saber distinguir entre quien es un violador y hombre que hoy se siente agraviado por la maldita e incoherente comparación.

El violador eres tú.
El violador eres tú.

El violador querida y respetada mujer, seguro que no soy yo, y mucho menos para que me consideres tu agresor, enemigo por ser masculino y permitir que me integres alegremente en tu plantel de reivindicaciones, pues craso error cometerías de apreciación cuando podemos ser hijos y hermanos, vecinos, amigos o simplemente conocidos que deseamos seguir por la misma senda de la paz y la cordialidad, que no merece encontrarse con las porosas piedras de la lapidación enquistadas, que nos lanzan desde los “hemiciclos al uso” de megáfonos contratados que vociferan más que hablan, consiguiendo crear un reto para dar una batalla a la que entre nosotros no hay lugar para entablar, salvo secundar otra intención que sea lanzar botes de humos para ocultar el fracaso de un movimiento progresista que se empecina en buscar un causante de su lentitud en modificar unas leyes penales, que pueden ir desde los suficientes años de prisión a una “guillotinazo químico“. Así de claro y así de sencillo.


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