YO, ROBOT

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La pandemia del Covid-19 ha traído un nuevo tipo de trabajadores “esenciales” para impedir que las fábricas de productos alimenticios y otros básicos de higiene, servicios privados y públicos inevitables e imprescindibles, puedan quedar desasistidas por la baja virulenta incesante de personal de carne y hueso, con nómina que hasta el presente venían cumpliendo una función exigible, lo que ha hecho que irrumpa el factor alternativo como relevo, probablemente para no desaparecer nunca, en la forma de robots con fisonomías muy similares en rasgos faciales a los humanos.

El leitmotiv es dentro de la retórica del que no pretende alarmar, un mensaje indefinido por no saber lo que la demanda pudiera aportar en detrimento del capital con emociones y sentimientos, pero lo que es innegable es que ya se están incorporado los androides al mundo, aunque por el momento con cautela aún marginal, implementando los efectivos de acero inoxidable a actividades en las que su participación permite reducir la carga de trabajo, ayudando a prevenir riesgos de contagios en hospitales y otros lugares considerados de riesgo.

El uso de robots sociales, diseñados para asistir a las personas a través de la interacción social, está ganando terreno en estos meses y ha cambiado la percepción que tenemos de ellos según algunos investigadores, que por laborar en laboratorios de ensayos tecnológicos tampoco han previsto la posible revolución social enfrentada a las máquinas que nos van a reducir poco a poco a la simpleza, el ocio visual premeditado, y a una mínima renta vital, mientras más temprano que tarde algunos partidos de fútbol, tenis, baloncesto, ciclismo, etc, y otros muchos desafíos deportivos serán ejercidos por futuro afamados prepotentes de latón con caras de cartón, diferenciándose de ellos algún novedoso componente de la inteligencia artificial, sin olvidar una incorporación a filas de combate en las que seguirán un protocolo ordenado sin rechistar.

Hay países asiáticos que observan la incorporación autómata con optimismo y una gran positividad para el género humano, mientras que otros ante el recuerdo de verlos en films de ciencia ficción (Robocop, Terminator, etc.) les causa un gran y respetado temor, pues no se garantiza que el botón de detenerlos esté al alcance de todos quienes con ese dispositivo pudieran sentirse más seguros y acompañados.

La prensa sensacionalista insiste en no menospreciar el valor añadido que debe considerarse al robot para desempeñar las tareas más engorrosas, así como el efecto placebo para muchos ancianos angustiados por la soledad, señalando una variedad de acciones encaminadas a la sanidad, el juego de la palabra en un rosco de adivinanzas, la enfermería fija e inamovible que estudie a la vez las constantes vitales de un paciente crónico, sedado o con coma inducido, sin pasar por alto los trabajos policiales de detección de explosivos, respuesta simétrica al terrorismo.

Los robots, los drones, las mascotas figuradas que ladran, juegan y no comen, así como recordaremos como la telefonía móvil de última generación permite controlar la seguridad del hogar, y el correo electrónico como carpeta sin anillas desplazaron al fax y a la mensajería puerta a puerta, hay que llegar a la conclusión de que el destino los aceptará como un preludio de una sustitución que reducirá la ambición y el esfuerzo por asimilar metas de superación, aunque cuidado, no todo es aceptado por mucha voluntad que se nos imponga, si los concebidos en talleres se limitan a contemplarnos como títeres y cometen errores imperdonables, como llevarse la maleta de un pasajero en un aeropuerto e impedir que la toque su propietario si el número de escaneo está rasgado.   

En 2019 la producción de robots industriales de China creció un 51.4% interanual en septiembre, llegando a más de 23.000 unidades, superando el incremento de 32.5% registrado en agosto, según datos oficiales.

En los primeros nueve meses de este año, China produjo 160,715 robots industriales, registrando un crecimiento del 18.2% en comparación con el mismo período del año pasado, según el Buró Nacional de Estadísticas.

En 2019, la producción de robots industriales de China totalizó unas 177,000 unidades, lo que significó una reducción del 3.1% interanual.

China y dentro de la comprensión de una duda razonable, está esforzándose por modernizar su sector productivo seriado y de uso intensivo de mano de obra cualificada mediante la innovación tecnológica, ya que se enfrenta a una reducción de la población por jubilaciones y a un incremento de las pensiones que ha optado por cumplir con un riguroso aumento proporcional que le facilita la robótica, empezando por emplearla desde 2016 en los sectores aeronáuticos, electrónica de gran consumo, electrodomésticos, fuerzas motrices de intervención dinámica, textiles combinados con fibras sintéticas en un 90%, la industria química, el ocio y la tecnología militar de choque y retaguardia, entre otros campos de diversificación.

     


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