Yo, vocacionalmente extraterrestre, lo veo así

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La vida del terrícola solitario a pesar de los 8.000 millones de “compatriotas”, se visiona en un monitor de nave intergaláctica como una teleserie de capítulos reales e inacabables, dentro de una escena de suspense o de pánico, también de gozos y sollozos limitados, sombras y preocupaciones, además de memeces comprometidas y endeudadas por tener que responder a una sociedad que no es ficticia y si estereotipada, considerablemente ridícula en demasiados casos, en los que muchos se convierten en galanes y payasos o en tristes peleles con un número en su cédula de identidad que es útil y necesario para marcar el paso, sentirse registrado y alineado para ser estrujado cada día a fin de hacerle pagar impuestos desorbitados, mientras otros los llamados “elegidos” para la gloria de un voto dudoso, obtienen cada vez más poder del que presumen los que deberían ser considerados garantes por reducir tales contribuciones, sin restar ofrecer más ecuanimidad, respeto y reparto necesario a quienes más lo necesitan, por esos efectos secundarios de un hundimiento personal que pueden hallar al intentar esquivar un charco. Una cuestión en la que poco se repara, que ha hecho que los donantes no puedan impedir de forma alguna que los chantajistas del sistema, cada vez sean más, estén unidos en pirámides con cumbres desconocidas y una base reservada con trampa, atrincherándose en leyes indómitas para ser impuestas, cuando observan con cretina retina que hay que resistir los empaques del pueblo cuando reclaman solución a lo insostenible, haciendo que el gato maúlle y esté a punto de ahogarse en una jarra de cerveza con agua insalubre.

“Vivir no es sólo existir,
sino existir y crear,
saber gozar y sufrir
y no dormir sin soñar.
Descansar, es empezar a morir”.

Gregorio Marañón (1887-1960) Médico y escritor español.

La existencia del ser humano está “preñada” de dudas que le impiden reaccionar dentro de su simple actitud y rareza, en esa amplitud del efecto llamada ante la secuencia del tiempo que se detiene en el grato recuerdo de instantes perecederos y en el pensamiento efímero cuando intentas retenerlo, difiriendo el resultado de sus actos a tenor de como emplea el sujeto sus sentidos más acusados, casi siempre dentro de un escenario imprevisto allá a lo lejos que sería como contemplar un bello paisaje o una tempestad llamativa y delirante a través de una ventana, en la que sin darte cuenta la vas cerrando poco a poco, o sin poder evitarlo impedir por un golpe de viento contener un estruendo, soltando de las manos el control de la manecilla que abre o cierra el futuro del encuentro con otra visión, dejando que se estampe contra el marco y éste contribuya a hacer añicos el cristal con el que a través del mismo se mira lo que viene a continuación y siempre será desconocido.

La vida es caprichosa, te hace reír o te hace llorar, te hace sentir o sin desearlo hace que sufras tú.. y los demás. La vida es una página en blanco que nadie se atreve a escribirla, lo que nos obligará a afinar la puntería con el lápiz de los garabatos, indolente y sanguinario sin tener una goma de borrar a mano, cuando contemplemos que hemos sido heridos, permitiendo que los señalados como los déspotas que gobiernan nuestros propios fracasos, sigan vertiendo ignorancia en el papel que quedará arrugado y olvidado en el cajón de los despropósitos, en donde quedan descoloridas las cruces y rayas de los muchos descerebrados. La vida es eso, todo o nada, y tal diría el cantautor : “la vida no vale nada sino es para vivirla”.

El principal problema que tiene la masa humana es que no sabe responder ni digerir el premeditado analfabetismo con el que ha sido “educado”, lo que hace que nosotros los extraterrestres condescendientes con los cada vez más sobreseídos errores de este globo que explotará cuando ya no le quede aire, optemos por dejar que os sigáis muriendo sin indulgencia y con mascarilla anti-vírica si sigue de moda hacerlo, mientras seguís embalsamado la figura de Montesquieu y consintiendo que la mediocridad os domine y os asfixie durante el secuestro que padecéis, para después de acostumbraros a obedecer iros matando poco a poco con vacunas, pócimas y alcohol barato, con dulzura y con aplausos.

Estáis poseídos por ese otro virus más brutal que padece un mundo que se aplana desnudo y que sin duda produce a destajo la orfandad de las ideas, del continuo renacer del pensamiento absurdo banal del gesto ensayado, y la capacidad de entender la coherencia como un intento de ser más listo que el tonto que no sabía atarse uno de los dos zapatos.

Vais a ser pasto de vuestro declive, de la mortandad permitida por el aburrimiento y la insensatez de negaros a rebelaros, lo que sin duda degenerará en la aceptación de un ocaso previsible y de otra caída, como lo fue en su día la del imperio romano, la estrechez de miras de la intelectualidad griega, el recorrido de los hunos mongoloides para que no volviese a crecer a hierba, el espíritu guerrero otomano y una iniciativa fraudulenta como lo fueron las cruzadas épicas.

Ahora ya no queda tiempo y la llama de la esperanza de apaga, comprobando que nadie se compromete a volver a encenderla por temor a quemarse en una pira, por mucho que alabéis a los difuntos como Tesla, Marconí o Einstein entre otros muchos, mientras escucháis la risotadas desde las ultratumbas de los muchos “grouchos” no marxistas que se siguen desternillando cuando lanzáis piedras al agua y no os dais cuenta, que no llegarán más lejos y siempre lo harán sobre los muros infranqueables que jamás se convertirán en ondas del saber hasta que punto se ha llegado, cuando hace siglos, no tantos, el futuro se detuvo y el periodo de caducidad empezó a contar en ese reloj de arena que ahora nadie es capaz de darle otra vez la vuelta.

Hay que invitar a los disecados de voluntad para reencarnarse en héroes aunque se disfracen con el vestuario Marvel. Hay que despertar a esos moribundos que yacen en el tálamo de los incomprendidos y siguen callados, para que nos recuerden que siempre hemos sido víctimas del destino.. y que ya es hora de completar un nuevo ciclo, el de enterrar el horror por la falta de talento y eficacia, dentro de la caja de la consternación irrespirable, suministrada para idolatrar a los dioses del consumo y del caos propiciatorio, saliendo del rincón oscuro y de ese infierno de cobardes con el que os han titulado allá en el rancho grande de mi planeta, que con serio disgusto aconseja que ese sentido de la obediencia por aprobar la asignatura de analfabeto, que intentan inculcar como una obligación es el peor de los homicidios.


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Comentarios

1 Comment

  1. Así es… El Destino lo es todo. Si toca morir, es lo que hay. Dejar de vivir porque puedes morir en el intento… éso si que no!. A mi desde luego no van a lograr quitarme la alegría, que es lo que quieren… sociedad deprimida y triste con las esperanzas mermadas…
    Van a lograr que la gente diga gracias por estar “a salva de un virus” mientras se muere de miseria y hambre..

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